Juan Orlando Hernández jura el cargo como nuevo presidente de Honduras

El mandatario asumió el cargo durante un período de cuatro años en una ceremonia en la que estuvo presente el príncipe Felipe de Borbón


Agencias

El nuevo presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, asumió hoy el cargo para un período de cuatro años en sustitución de Porfirio Lobo, ambos del conservador Partido Nacional.

La banda presidencial le fue impuesta a Hernández por el jefe del Parlamento, el oficialista Mauricio Oliva, en una ceremonia que se celebró en el Estadio Nacional de Tegucigalpa con la participación de al menos seis presidentes y el príncipe Felipe de Borbón.

«Prometo ser fiel a la República, su Constitución y las leyes», juró Hernández, noveno gobernante consecutivo que asume el cargo en Honduras desde 1982, cuando el país centroamericano retornó a la democracia después de casi dos décadas de regímenes militares.

Hernández fue investido en una ceremonia que se inició con la entrada de dignatarios y otros invitados de unos 80 países de América, Europa, Asia y África, entre ellos representantes de organismos internacionales.

Aviones caza F5 de la Fuerza Aérea Hondureña sobrevolaron el cielo de Tegucigalpa para saludar al nuevo gobernante, un abogado y empresario de 45 años, que ganó las elecciones generales del 24 de noviembre del 2013.

El Estadio Nacional de Tegucigalpa abrió hoy sus puertas para el público en general, que llenó el recinto, aunque la mayoría de asistentes eran miembros del gobernante Partido Nacional.

El Gobierno declaró el día de hoy como jornada festiva para facilitar la asistencia al estadio, custodiado por una amplia operación de seguridad en la que están implicados unos 6.000 agentes de Policía y militares y que incluye seis anillos de seguridad dentro y fuera del lugar.

Al acto oficial no asistió la bancada del partido Libertad y Refundación (Libre, de izquierda), segunda fuerza parlamentaria y primera de oposición liderada por el derrocado expresidente Manuel Zelaya, quien alega que Hernández les «ha ofendido» al vincular a algunos miembros de esa organización con el crimen.

En la investidura de Hernández estuvieron los presidentes de Costa Rica, Laura Chinchilla; Colombia, Juan Manuel Santos; Kosovo, Atifete Jahjaga; Panamá, Ricardo Martinelli; República Dominicana, Danilo Medina, Taiwán, Ma Ying-Jeou, y el príncipe Felipe de Borbón, heredero de la Corona de España.

También los vicepresidentes de Venezuela, Jorge Arreaza, y de Nicaragua, Moisés Omar Halleslevens, y el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza.

Asimismo estuvieron representados todos los organismos del Sistema de la Integración Centroamericana, y las organizaciones internacionales, como Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Está previsto que, después de la ceremonia, el nuevo presidente hondureño ofrezca un almuerzo a los dignatarios y otros invitados en la Casa Presidencial.

Pragmático y de corte autoritario

Juan Orlando Hernández, es un abogado de 45 años, pragmático y de corte autoritario según sus críticos, abanderado de la militarización de la lucha contra el crimen organizado y la delincuencia.

De baja estatura, cabello bien recortado y sonrisa amplia, Hernández, del gobernante Partido Nacional (PN, de corte conservador), tendrá que dirigir con mano de hierro el que ya se ha convertido en el país más violento del mundo, con 83 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Ante este panorama Hernández ya se ha comprometido el combate militarizado contra el narcotráfico y las pandillas: «Cero tolerancia» a la delincuencia, advirtió en su primer discurso, tras jurar como presidente.

El también expresidente del Congreso ganó la presidencia de Honduras a la candidata del izquierdista Libertad y Refundación (Libre), Xiomara Castro (29 %), esposa del derrocado expresidente Manuel Zelaya, quienes alegaron fraude.

Hernández, casado con la abogada Ana García, con quien tuvo cuatro hijos, nació el 28 de octubre de 1968 en el seno de una familia rural de clase media en la ciudad de Gracias, en el departamento de Lempira (oeste), donde es empresario agrícola y dueño de un hotel, una radio y un canal de televisión.

Cursó estudios secundarios en la ciudad de San Pedro Sula, en el Liceo Militar del Norte, donde obtuvo el grado de subteniente de Infantería. Hernández declaró a la agencia AFP haber recibido «formación profundamente cívica y con valores espirituales».

Desde su época en el Liceo Militar, JOH, como abrevia su nombre, acostumbra a hacer ejercicio para mantenerse en forma.

Se graduó de abogado en la Universidad Nacional, en Tegucigalpa, e hizo en Nueva York una maestría en Administración Pública, de 1994 a 1995.

Incursionó en política en 1990 como asistente en la secretaría del Congreso y desde 1998 fue diputado, en cuatro períodos legislativos.

Durante el golpe de Estado de junio del 2009, participó como diputado en la separación del mandatario Zelaya y en la designación del presidente de facto Roberto Micheletti. Fue clave para el gobierno de Porfirio Lobo desde su cargo como presidente del Congreso.

Fue allí, según sus críticos, donde finalmente desplegó su estilo autoritario. Incluso el influyente dirigente industrial Adolfo Facussé, quien apoyó el golpe contra Zelaya, lo llamó «pequeño dictador en ciernes».

Consiguió la aprobación de todo lo que se propuso -pese al rechazo de grupos humanitarios-, como la creación de la Policía Militar, su proyecto estrella para enfrentar la criminalidad con un cuerpo que llegará a tener 5.000 efectivos.

Logró la destitución de cuatro de los cinco miembros de la Sala Constitucional que votaron contra las controvertidas «ciudades modelo» al estilo de Hong Kong -otra de sus iniciativas- y de un plan de depuración de la policía civil que consideraban violatorio de derechos.

Alcanzó la candidatura presidencial en unas controvertidas primarias en las que su principal contendiente, el entonces alcalde capitalino Ricardo Álvarez, le acusó también de aprovechar el control que ejerce en el órgano central del PN para cometer fraude.

Desde la silla parlamentaria, emprendió proyectos populistas como el de los ecofogones (estructuras metálicas que funcionan con poca leña) para familias pobres, una decisión que le valió su apodo de «Juan fogón».

Prometió impulsar el proyecto que bautizó «Una vida mejor», para remodelar viviendas pobres con piso de cemento, techo y letrinas, y dar «el Bono 10.000 (500 dólares)» para las 850.000 familias más pobres.

En las últimas semanas, sumó a las promesas la revisión de un oneroso aumento a los impuestos que ha encarecido la vida en este país donde la pobreza afecta a cerca del 70 % de los 8,5 millones de hondureños.

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