Francia ya entra al trapo en los asuntos de cama de sus políticos


Apenas dos años después de aquel debate que ya ha quedado marcado en la historia política de Francia, la revista Closer publicaba hace poco más de una semana unas imágenes en las que supuestamente Hollande, ya como presidente galo y con la cabeza cubierta por un casco de moto, entraba en un portal de la rue du Cirque, a dos bloques del Elíseo, para tener un encuentro íntimo con la actriz Julie Gayet. La última semana ha resultado de locura para muchos medios de comunicación franceses, que ante tal noticia, se han visto obligados a revisar sus códigos deontológicos y tomar partido sobre si debían o no publicar tales informaciones y, sobre todo, cómo. Revisamos aquí algunas claves sobre el ya llamado affaire Hollande que muestran en parte la profundidad de la última noticia ligera que más está dando que hablar en el mundo entero:

El dilema

Cualquier lector de periódicos, y no solo en Francia, conoce ya las líneas generales del embrollo: escondidos en un piso alquilado frente al número 20 de la rue du Cirque, fotógrafos de la revista sensacionalista Closer fotografían una escúter en la que un supuesto guardaespaldas de Hollande traslada al presidente francés desde el Elíseo para encontrarse con su amante; tras la publicación de la historia, amenazas de demanda y una Primera Dama, Valérie Trierweiler, hospitalizada a causa de un ataque de ansiedad. Sin embargo, a pesar de las protestas de los protagonistas, nadie, ni los abogados de Hollande ni los de Gayet, han desmentido las informaciones publicadas. Por el momento no se trata del «qué» sino del «por qué».

Lo que está en juego en todo esto son dos derechos contrapuestos, que son los que han traído de cabeza a muchos medios franceses, sobre todo a los más rigurosos. ¿Qué pesa más en esta noticia de alcoba, el interés general de la sociedad o el derecho a la intimidad del presidente y la actriz? Y en este asunto ni los profesionales de un mismo periódico se ponen de acuerdo a veces. Los partidarios del silencio alegan que, por muy presidente que uno sea, la vida privada es algo sagrado que hay que proteger por el bien de toda la ciudadanía. Sin embargo, otro sector considera que el affaire Hollande va más allá del ámbito privado desde el momento en que el presidente quizás ha puesto en riesgo su vida al relajar los estándares de su seguridad personal y posiblemente se ha distraído de las responsabilidades de su cargo en un momento de crisis económica. Además, algunos periodistas se preguntan incluso si estas escapadas han tenido algún coste para el contribuyente y si la trayectoria profesional de Gayet -que además de actriz es productora de filmes- se ha visto impulsada gracias a esta relación presidencial.

Quién es la primera dama

En la rueda de prensa del pasado martes, en la que Hollande, lanzó sus nuevas propuestas económicas para el año, el presidente galo se limitó a responder: «Tengo un principio, que los asuntos privados se traten en privado» y añadió que, en todo caso, el lío quedaría aclarado en menos de quince días, fecha en la que su agenda le llevará hasta la Casa Blanca. Era su respuesta a la primera pregunta ante los 600 periodistas que acudieron a la conferencia y que cuestionaba si Trierweiler seguía siendo la Primera Dama francesa.

Hollande no está casado con Trierweiler, lo mismo que nunca lo estuvo con Ségolène Royal, su anterior pareja, antigua candidata a la presidencia por el PS y madre de sus cuatro hijos. El presidente explicó también a la prensa que «cada uno puede atravesar desafíos en su vida personal, es nuestro caso» y que su seguridad ha estado en todo momento «perfectamente protegida». Y con tanta moto, actriz y paparazzi, para muchos han pasado casi desapercibidas las nuevas medidas económicas del gobierno, que suponen unos recortes de 50.000 millones de euros en tres años y un giro en beneficio de los empresarios que ya hay quien califica de política social-liberalista.

«¡Acabado, terminado! Ya no hay más fronteras entre la vida pública y la vida privada», afirma el sociólogo Jean-Calude Kaufmann en un artículo recientemente publicado en Le Monde. «Todo está sobre la mesa, todo se mezcla: el supuesto cambio de política del presidente de la República y su supuesto cambio de compañera». Y con ello toca otros de los temas candentes de este suceso. ¿Cuáles son los nuevos límites de la intimidad en la era de Internet? ¿Han quedado atrás para siempre los tiempos en que los deslices de los presidentes galos se ahogaban en el silencio mediático, como el de la hija secreta de François Mitterrand o los amoríos de Jacques Chirac? Quizás Nicolas Sarkozy vio a tiempo estos cambios en las tendencias y por ello decidió siempre reforzar su imagen política aderezándola con todo tipo de informaciones sobre su vida privada. De hecho, ya hay también quien sospecha que es el anterior presidente quien está detrás de la publicación del affaire Hollande, posiblemente apoyado por el topo de Manuel Valls, ministro del Interior, desde los pasillos del Elíseo.

mafia corsa

Lo curioso de todo esto es que un estudio sobre el asunto revela que el 77% de los franceses no se sienten ni afectados ni sorprendidos por el affaire y que se trata de algo que solo concierne al presidente. ¿Están en lo cierto o simplemente no son conscientes de las implicaciones y los riesgos en los que está incurriendo el país más nuclearizado de Europa, un país que además mantiene unas relaciones tensas con el islamismo radical? En cuanto al piso en el que Hollande y Gayet presuntamente se han encontrado en diversas ocasiones, ¿hasta qué punto es estrecha la conexión con el grupo mafioso corso Brisa de Mar que algunos medios han señalado? Las respuestas no son fáciles y tratarlas a fondo supone casi un curso de ética periodística y responsabilidad ciudadana.

Distinguir entre el interés general de una sociedad y el puro morbo no es sencillo, menos aún en los tiempos de la inmediatez de la Red. Quizás, una de las posturas válidas en un caso como este es la que plantea el diario on-line Rue 89, que directamente recurre a sus lectores: «Hay tantas cuestiones que merecen que trabajemos sobre este asunto. Os toca a vosotros decir lo que pensáis». Mientras tanto, lo que es seguro es que el culebrón francés seguirá dando que hablar, y pronto, en los periódicos y las páginas de Internet.

Por corresponsal en Francia

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