Nelson Mandela: El preso 46664

El Nóbel de la Paz permaneció casi un tercio de su vida en la cárcel por luchar contra la segregación racial


Agencias

Nelson Mandela, el Nóbel de la Paz y símbolo de lucha contra el apartheid, pasó casi un tercio de su vida en la cárcel por luchar contra las injusticias de toda una comunidad. El 11 de febrero de 1990 los ojos de todo el mundo se concentraban en el paso firme con el que el que Nelson Rolihlahla Mandela abandonaba la prisión Victor Verster, en la que ya pasará a la historia como una de las más poderosas y características imágenes de nuestro tiempo.

Tras haber permanecido 27 años tras las rejas, el prisionero número 46664 dejaba asombrado a medio mundo al abrazar a las mismas personas que lo habían encarcelado y condenado en sus últimos años. A partir de ese momento, todos los esfuerzos del premio Nobel se apartaron de la criminalización de los que habían brutalizado a otros negros y encaminó toda su energía en lograr una «verdadera reconciliación» de un país devastado por tres siglos de segregacionismo impuesto por la minoría blanca.

El arzobispo anglicano Desmond Tutu, otro Nobel de la Paz y conciencia moral de Sudáfrica, lo definió como «un icono mundial de la reconciliación».

En 1956 comenzó el largo y tortuoso camino que conduciría a Nelson Mandela a pasar casi un tercio de su vida entre rejas. En este año fue acusado de alta traición por un supuesto intento de golpe de Estado y si bien fue declarado inocente, el proceso finalmente acabó por desembocar en la ilegalización del Congreso Nacional Africano (CNA) -partido al que pertenecía- en 1960. Ese mismo año ocurrió la matanza de la ciudad de Shaperville, donde murieron 69 manifestantes negros por disparos de la Policía. A partir de ahí, Mandela actuó desde la clandestinidad y, pese a abrazar la idea de resistencia pacífica del líder indio Mahatma Gandhi, radicalizó su postura, creó el brazo armado del CNA y viajó por África con el fin de recibir entrenamiento y captar fondos.

En 1962, Mandela fue detenido y condenado a cinco años de cárcel por abandonar ilegalmente el país e incitar a la huelga. Semanas después, las autoridades desmantelaron el centro de operaciones del CNA y comenzó el Juicio de Rivonia, en el que le condenaron a cadena perpetua por sabotaje en 1964.

El camino hasta su liberación fue largo y las dificultades con las que Mandela se encontró en el camino fueron muchas desde su arresto en 1962, quizás una de las más devastadoras fue la condena a la que tuvo que hacer frente dos años más tarde de su ingreso en prisión: cadena perpetua bajo acusaciones de sabotaje y conspiración.

Ya en su juicio Nelson Mandela hizo una proclama que prefiguraba su destino: «He dedicado toda mi vida a luchar por los africanos. He luchado contra la dominación blanca y también contra la dominación negra. Acuno el ideal de una sociedad libre y democrática. Por ese ideal estoy dispuesto a morir».

Treinta años más tarde, el 10 de mayo de 1994, Nelson Mandela asumía la presidencia manteniendo su inquebrantable profesión de fe: «Estamos forjando una alianza que nos permitirá construir una sociedad en la que todos los sudafricanos, negros y blancos, puedan caminar con la cabeza alta (...), una Nación arco iris en paz consigo misma y con el mundo», declaró.

En sus años de encierro, Mandela se había propuesto entender a sus adversarios; estudió su lengua -el afrikaaner- y su poesía y tendió puentes con ellos.

En el juicio, el brillante orador que fue Mandela pronunció desde el banquillo de los acusados uno de sus discursos más célebres.

«He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas convivan en armonía e igualdad de oportunidades», dijo con voz firme.

«Es un ideal -concluyó- que espero alcanzar en vida. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto morir».

Mandela fue conducido en un vuelo secreto a la cárcel de la isla de Robben Island, donde se convirtió en el famoso «preso 46664» y donde pasó dieciocho años, hasta su traslado a otra prisión en 1982.

La creciente presión de la comunidad internacional, que endureció las sanciones contra el régimen del «apartheid», ablandó al Gobierno sudafricano, que ofreció la libertad varias veces a Mandela, aunque éste la rechazó repetidamente porque siempre era condicional.

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