Enfrentamientos en Egipto entre fuerzas del orden y manifestantes islamistas

Las fuerzas del orden alegan que sus desfiles no fueron autorizados por las autoridades

ALMASRY ALYOUM

Las fuerzas del orden egipcias dispersaron el viernes a manifestantes islamistas, alegando que sus desfiles no fueron autorizados por las autoridades, como ordena una reciente ley que también provocó la detención de militantes laicos.

Las nuevas autoridades, que continúan su implacable represión contra los partidarios del presidente islamista derrocado Mohamed Mursi, parecen focalizarse también en el movimiento prodemócrata, uno de cuyos líderes fue arrestado.

El nuevo poder político, que desde mediados de este año lanzó una sangrienta represión contra los partidarios del presidente islamista Mohamed Mursi, depuesto por los militares, ha dispersado en los últimos días por la fuerza a todas las manifestaciones que no obtuvieron la autorización del ministerio del Interior.

En la capital, policías y soldados trataban el viernes de dispersar a cientos de manifestantes islamistas, liderados por los Hermanos Musulmanes.

La policía disparó granadas lacrimógenas contra las marchas -de tamaño modesto en Alejandría (norte), la segunda ciudad del país, así como en Suez, Qena y Mahalla, según los servicios de seguridad.

Un responsable de la Salud indicó que ocho personas resultaron heridas y el ministerio del Interior registró 183 detenciones.

Después de los partidarios de Mursi, cuya represión terminó con la muerte de más de 1.000 personas hasta la fecha, las fuerzas del orden abrieron un nuevo frente en el país, atacando ahora a los movimientos laicos juveniles, punta de lanza de la revuelta popular que expulsó del poder a principios de 2011 al presidente Hosni Mubarak.

El martes pasado estas fuerzas dispersaron con cañones de agua y granadas lacrimógenas a dos cortejos y arrestaron a unos 60 militantes, incluyendo a unas 15 mujeres jóvenes que fueron liberadas en una ruta desierta en las afueras de El Cairo. Y el jueves al anochecer arrestaron en su domicilio a Alaa Abdel Fatah, uno de los principales líderes del movimiento laico prodemocrático en Egipto, quien ya fue detenido durante la era de Mubarak, y luego en el período militar después de su caída.

Su esposa afirmó en Twitter que había sido «golpeada» por las fuerzas del orden durante dicho arresto.

Además de Abdel Fatah, otro célebre militante, Ahmed Maher, fundador del movimiento del 6 de abril, en la vanguardia de la revuelta de 2011, también es buscado y acusado por la justicia de haber organizado una manifestación sin haber advertido a las autoridades tres días antes, como prevé una ley adoptada el domingo pasado.

Esa ley indignó a los defensores de los derechos humanos y la ONU pidió a Egipto que realizara «enmiendas».

El ministerio del Interior, decidido a aplicar este nuevo texto, advirtió nuevamente el jueves «contra la organización de todo mitin, marcha o manifestación que viole la ley», afirmando que actuará «ante esas actividades ilegales con firmeza y de forma categórica».

Sin embargo los islamistas, liderados por la cofradía de Mursi, los Hermanos Musulmanes, iniciaron el viernes al mediodía manifestaciones en todo el país, un día después de la muerte de un estudiante durante la dispersión policial de un mitin similar en la Universidad de El Cairo.

Esta movilización tiene lugar dos días después de un veredicto que conmocionó al país, incluyendo a los partidarios de las nuevas autoridades dirigidas en la práctica por el ejército. El miércoles, un tribunal condenó a 21 mujeres jóvenes, incluyendo a siete menores, a penas de prisión por haber participado en manifestaciones en Alejandría (norte), a fines de octubre.

Estas jóvenes, acusadas de haber cometido actos de violencia, totalmente veladas de blanco --el color de los prisioneros en Egipto-- escucharon su veredicto tras las rejas del banquillo de los acusados, una imagen que provocó la polémica.

Amnistía Internacional pidió «la liberación inmediata e incondicional» de estas «prisioneras de opinión», considerando que se trataba de una prueba de que las autoridades egipcias estaban «decididas a castigar cualquier oposición».

«Esas duras penas de cárcel contra mujeres jóvenes tienen lugar después de la adopción de una ley draconiana sobre las manifestaciones y la dispersión violenta de militantes en El Cairo. Es una señal fuerte lanzada para señalar que los esfuerzos de las autoridades para aplastar a la oposición no tiene límites y que nadie está a salvo de su puño de hierro», opinó Hasiba Hadj Sahraoui, subdirectora de Amnistía Internacional para Medio Oriente y Africa del Norte.

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