Cristina Fernández destituye al hombre más polémico de su equipo

Moreno redibujó un modelo de cálculo que falseaba los datos de inflación


Buenos Aires / Corresponsal

Por primera vez desde su operación, Cristina Fernández regresó ayer a la Casa Rosada para tomar juramento a los nuevos ministros, entre ellos el jefe del Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kicillof, y volver enseguida a la residencia de Olivos.

Horas antes, una noticia sorprendió a los argentinos, que cuando suponían que la jefa de Estado había terminado los cambios en el Gabinete, obligó a renunciar al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. El alto cargo más polémico de su Gobierno, que tenía en realidad más poder que cualquier ministro, fue quien más rechazos concitó entre sectores empresariales y de la oposición.

«Un fascista menos en el Gobierno», dijo la diputada Elisa Carrió, una de las principales opositoras.

Para atenuar el castigo, Fernández nombró a Moreno agregado comercial en la embajada en Italia. El más antiguo de los altos cargos del kirchnerismo llegó al Gobierno en el 2005. Él fue quien cambió la forma de medir el índice de inflación para que pareciera más baja. Pese a los acuerdos de estabilidad de precios, la inflación continuaba al alza y Moreno decidió a inicios del 2007 intervenir el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Desde entonces, los índices oficiales de precios comenzaron a mostrar números que economistas y empleados del organismo tacharon de fantasiosos. Y entonces multó a las consultoras que se atrevían a publicar la inflación real.

Moreno fue quien implantó el cepo cambiario para frenar la fuga de capitales, una medida que produjo malestar entre la población. También impuso un control de precios que nunca se cumplió y provocó el enfado de los países vecinos con restricciones a las importaciones. Él fue quien encabezó la campaña contra el Grupo Clarín, interrumpiendo por la fuerza sus asambleas de socios.

Mirando al 2015

Moreno se manejó siempre rodeado de guardaespaldas con los que intimidaba a sus interlocutores. Incluso presidió varias reuniones con empresarios a los que insultaba mientras acariciaba un revólver sobre la mesa.

Impopular pero efectivo, porque era quien hacía el trabajo sucio, el exsecretario de Comercio Interior fue un obediente soldado al servicio de los Kirchner. Cristina retrasó hasta el último momento su destitución, por eso no apareció en la lista de cambios en el Gabinete, sino varias horas después, cuando los nuevos ministros y altos cargos adujeron que dificultaría el lavado de cara con el que el Gobierno espera recuperar la confianza de los ciudadanos de cara a las presidenciales del 2015.

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