¿Se encamina Egipto hacia la guerra civil?

Muchos de los muertos los causan ya incontrolados de los dos bandos


¿Se encamina Egipto a la guerra civil? Esa es la pregunta que se hacen muchos en estos momentos. La respuesta es que así es; solo que encaminarse no es necesariamente llegar a un destino. Por el momento, eso sí, la dirección que llevan los acontecimientos es la mala.

La primera cosa que está clara es que, desde el jueves, las masacres de manifestantes hacen ya inviable la reconciliación que deseaban los militares para solidificar su golpe de Estado. La posibilidad de que los Hermanos Musulmanes se dividan o se avengan a aceptar el golpe se la ha llevado la sangre. El Ejército, por tanto, ya solo tiene por delante el camino de la rectificación o el de la represión sistemática, y es este el que, a todas luces, ha decidido tomar.

En cuanto a los Hermanos Musulmanes, su consigna es seguir retando al Ejército en las calles de manera más o menos pacífica, fortaleciendo su causa con el martirio. Pero otra cosa es que la cúpula logre contener a sus seguidores, y ahí están los incendios de iglesias y locales oficiales como muestra de que la venganza tiene más tirón que la táctica. Muchos de los muertos ya los causan incontrolados armados de un bando y otro, y quizás no tarden en llegar los yihadistas para apoyar a los Hermanos Musulmanes, incluso a su pesar.

Se reproduciría entonces la situación de Siria. Solo que, en este caso, no veremos glorificar a los yihadistas ni se buscarán matices entre «radicales» o «moderados». Ese tipo de escenario pondría a la comunidad internacional del lado de los militares egipcios, como ocurrió durante la guerra civil argelina de la década de 1990.

Una influencia menor

Muchos fuera de Egipto ponen sus esperanzas en esa misma comunidad internacional. Europa, y sobre todo Estados Unidos, se dice, tienen que presionar a ambos bandos para que paren la violencia. Es una idea habitual cada vez que se inicia un conflicto, pero raramente funciona. La realidad es que la capacidad de influencia del exterior es mucho menor de lo que se cree.

Es cierto que Estados Unidos proporciona más de mil millones de dólares anuales al Ejército egipcio, pero eso no quiere decir que lo controle completamente.

De hecho, uno de los efectos de esta crisis está siendo el paroxismo del nacionalismo egipcio, que históricamente ha sido la única alternativa real al islamismo. Y el nacionalismo egipcio es antiamericano (y ya no digamos anti-israelí). Quizá sea más bien Washington quien acabe haciendo esfuerzos por congraciarse con los militares y seguir asegurando la tranquilidad de su aliado, Israel.

En Argelia pasaron ocho meses entre el golpe de Estado y el estallido de la guerra civil. En Egipto la violencia ha sido mayor desde el primer momento.

¿Qué podría frenar la espiral? Quizás una rectificación de los militares y un pacto con el presidente prisionero Mursi para retomar su legitimidad a cambio de unas elecciones anticipadas. Suponiendo que los militares quisiesen, los muertos lo hacen ahora difícil. Si hay más, lo harán imposible.

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