El Cairo / E. La Voz

Como intentando volver a la normalidad, las puertas metálicas de los comercios comenzaron a subirse al término del rezo del viernes en El Cairo, hasta que una marcha de islamistas que se dirigía a la plaza Ramsés obligó a dar el aviso a uno de los comerciantes. Uno por uno volvieron a echar el cierre de las tiendas pronosticando otra jornada de altercados y muerte. «No son egipcios, ¡estos no son egipcios, son islamistas!». Sameh Saad increpa a los manifestantes que sostienen carteles con la cara del presidente depuesto Mohamed Mursi, hasta que uno de los integrantes se acerca para acusar al jefe del Ejército, Al Sisi, de asesino. «Nos está matando, y el único presidente legítimo que tenemos es Mursi», espeta Mohamed Gamal.

En nombre, el uno de Mursi y el otro de Al Sisi, va subiendo el tono de la disputa. Con el aliento separado por centímetros, los dos opositores se gritan rechazando conciliar sus opiniones. «No seréis más de dos millones», gruñe Sameh; «la mayoría de los egipcios están contra el Ejército», brama Mohamed.

Los curiosos van tomando posiciones en un corrillo que crece al ritmo de la tensión. Cuando la marcha de islamistas se aleja, un grupo de ciudadanos entona cánticos en favor del Ejército y Mohamed es invitado a marcharse para evitar un conflicto mayor.

La sociedad egipcia está dividida. Los simpatizantes de Mursi y Al Sisi reproducen la misma dialéctica que sus líderes y el odio se extiende. Para los primeros, el Ejército es criminal, y para los segundos, los islamistas son terroristas.

Con la boca chica o grande, en Egipto se habla de una posible guerra civil, y los temores aumentan con cada jornada violenta que vive el país.

Aunque el enfrentamiento que machaca estos días Egipto se dirime entre islamistas y Ejército, dejando fuera de escena a las fuerzas revolucionarias que ya no salen a la calle para evitar posicionarse con alguno de los bandos. Ciudadanos como Ahmed ven desde la puerta de su negocio, en el centro de la capital, los modos irreconciliables de sus compatriotas que pelean y discuten y se muestra profundamente preocupado por los disturbios que manchan de sangre las calles. No sabe cómo se puede parar. La violencia ha sobrepasado los límites de la convivencia y diariamente se reciben noticias de muertos, heridos o altercados.

«Egipto necesita seguridad, necesitamos a Al Sisi porque tenemos que combatir a terroristas. Todo este vecindario quiere vivir tranquilo con al Ejército», argumenta Sameh aprovechando la ausencia de su oponente. Mohamed ha llegado a la manifestación donde quiere expresar su opinión porque gente como Sameh, «un matón del régimen» dice, no le deja.

brutal represión del ejército

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Egipto, al borde de la guerra civil