Asesinado un biólogo español que trabajaba como voluntario en Río

Todo apunta a que el móvil son sus denuncias medioambientales


Redacción / La Voz

Gonzalo Alonso Hernández, un biólogo español afincado en Brasil desde hace más de una década, que trabajaba como voluntario en la Organización no Gubernamental Instituto Terra, fundada por el fotógrafo Sebastiao Salgado, fue asesinado el pasado fin de semana de varios tirros en la cabeza en su domicilio, situado en el Parque de Cunhambebe, en la localidad de Rui Claro, en el Estado de Río de Janeiro.

El cadáver fue encontrado el pasado lunes en una cascada cercana a su domicilio, en el cual aparecieron cortados los cables de la electricidad y el teléfono, así como huellas de sangre en el portal. De su domicilio solo desapareció el ordenador.

A falta del conocimiento de los resultados del estudio forense que se realizó ayer en el Instituo de Medicina Legal más próximo, y que permitirán descartar si fue víctima de un simple robo a mano armada, todos los indicios apuntan a un «crimen ambiental», según palabras del máximo responsable policial en la región que fueron recogidas ayer por los medios digitales brasileños.

Los más que probables autores del crimen, según dichas fuentes, están entre los cazadores ilegales de animales del parque, los que provocan incendios intencionados para abrir espacios para la ganadería y los que se dedican a las talas ilegales.

Activista medioambiental

El biólogo Gonzalo Alonso llegó a Brasil hace poco más de una década como trabajador de Telefónica. Fue el director en Río de Janeiro de la filial VIVO, de telefonía movil, puesto que dejó en el año 2005 para dedicarse de lleno al activismo medioambiental. Desde entonces trabajaba como voluntario en la ONG Instituto Terra y formaba parte del Consejo Municipal de Medio Ambiente como consultor en asuntos ecológicos.

Fijó su resdiencia en el parque de Conhambebe, en el distrito de Lídice, a 170 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro, donde vivía con su esposa, María de Lurdes Pena Campos, que seguía trabajando en Río durante la semana. Su esposa le vio por última vez el pasado domingo, cuando la llevó a la terminal de la estación de autobuses de Lídice.

El crimen o sus autores, según el responsbale policial encargado de la investigación podrían haber sido grabados por una cámara de video instalada en las oficinas del Instituto Estatal de Ambiente (INEA), situadas dentro del Parque de Cunhambebe.

Una portavoz de la Oficina de Infomación Diplomática (OID), del ministerio de Asuntos Exteriores, confirmó ayer la muerte de Gonzalo Alonso, pero se negó a ofrecer detalles sobre las circunstancias de la misma, alegando «el derecho a la intimidad de la víctima y de su familia».

De confirmarse el móvil que se baraja, sería un dato más de la creciente implicación del crimen organizado en delitos medioambientales, especialmente en América Latina.

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