El nuevo bipartito griego prepara su equipo y programa de Gobierno

Los conservadores y socialdemócratas esperan tener el martes las nuevas líneas de la coalición, cuya tarea será acelerar las reformas e impulsar el crecimiento


Tras la ruptura del tripartito en Grecia, conservadores y socialdemócratas dedican este fin de semana a preparar un nuevo programa y equipo de Gobierno, cuya tarea será no solo apretar el acelerador de las reformas sino diseñar políticas que impulsen el crecimiento y frenen el descontento social.

A mas tardar el martes próximo, los conservadores de Nueva Democracia del primer ministro, Andonis Samarás, y los socialdemócratas del Pasok de Evángelos Venizelos, quieren tener lista la remodelación de gabinete y las líneas generales del nuevo tratado de coalición.

En un momento en que Grecia va con retraso respecto al programa acordado con la troika de acreedores y bajo la amenaza de medidas adicionales en caso de incumplimiento, ambos socios han dejado claro que el único camino que se plantea es el de continuar con las reformas.

El primer ministro, Andonis Samarás, no ha dejado duda respecto a su intención de proseguir por esta vía y en una entrevista con el dominical To Vima, adelantada hoy, asegura que pese a la salida del tercer socio de la coalición, «hemos podido mantenernos erguidos y continuaremos con nuevo brío».

En la entrevista, Samarás alaba la actitud de responsabilidad adoptada por Venizelos durante los pasados días y afirma que confía en que asumirá «un papel importante» en el nuevo Gobierno.

Venizelos no ha aclarado por ahora si piensa asumir alguna cartera ministerial, lo que supondría un giro a la posición que mantuvo durante el año que duró el tripartito, en que Pasok no participó directamente en el Ejecutivo.

Tras las elecciones de junio pasado, Venizelos optó por nombrar solo ministros tecnócratas, lo que se interpretó como un intento de evitar que un eventual fracaso de la política de reformas pudiera dañar aún más a su partido.

En aquellas elecciones, Pasok sufrió un descalabro sin precedentes, hasta quedarse en poco más del doce por ciento. La caída ha seguido desde entonces en picado, y actualmente tan solo ronda poco más del cuatro por ciento.

En el nuevo Gobierno bipartito Pasok obtendrá mucho más peso del que le correspondería por la correlación de fuerzas teórica (Pasok tiene 28 y Nueva Democracia 125 escaños).

Según informaciones del diario Kathimerini, las cifras que se barajan en las «cocinas» de ambos partidos podrían apuntar a que por cada dos ministros conservadores haya uno socialdemócrata.

Los comentaristas políticos no dudan de que Venizelos ha salido ganando con la ruptura del tripartito, pues no solo gana peso en el Gobierno, sino que ha logrado «arrancar» a Samarás un compromiso en el debate sobre el cierre la radiotelevisión pública ERT, que fue el detonante de la crisis.

Samarás había propuesto inicialmente un modelo de transición para la televisión que contara un equipo mínimo de trabajadores, el justo para sacar adelante tres informativos al día.

Tras dos días de reuniones de crisis con sus socios, finalmente presentó una fórmula que contempla el funcionamiento de un ente público provisional que ofrecerá durante tres meses contratos a 2.000 de los 2.700 trabajadores.

Este compromiso puede plantear sin embargo serios problemas de cara a la troika, pues implica que «solo» quedarían despedidos 700 empleados públicos, cuando el memorando firmado contempla que sean 2.000 antes de que finalice este mes.

El segundo memorando firmado el año pasado con el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo es tajante en sus reglas: cualquier desvío de los objetivos acordados acarrea automáticamente nuevas medidas de ajuste.

La eliminación de 2.000 empleos solo es la punta de un iceberg, pues hasta finales de 2014 el Gobierno se ha comprometido a 14.000 despidos.

A ello se suman 125.000 funcionarios que deberán pasar a la reserva o a la jubilación.

El nuevo Gobierno deberá buscar además soluciones a una serie de asignaturas pendientes con la troika, como es el incumplimiento del programa de privatizaciones o el desvío de los objetivos de la recaudación fiscal.

Pese a ello, los dos socios han asegurado poder desarrollar un programa político que permita compaginar los ajustes con políticas abocadas a fomentar el crecimiento económico.

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