Siria promete represalias tras los bombardeos israelíes en su suelo

Israel ataca de nuevo para impedir la llegada de armas iraníes a Hezbolá


amán / corresponsal

Oriente Medio amaneció ayer con las imágenes de sendas explosiones en la periferia de Damasco. En esta ocasión no habían sido causadas por bombarderos del régimen sirio, sino por misiles lanzados por Israel, según señaló desde primera hora la agencia oficial Sana. La jornada transcurrió sin que el Ejército israelí afirmara o desmintiera la información, pero no se pusieron en duda ni la autoría ni las arriesgadas consecuencias que tendrán para la estabilidad de la región.

El viceministro sirio de Asuntos Exteriores, Faisal al Mekdades, calificó el ataque de «declaración de guerra» y advirtió a Israel de que «abre la puerta a todas las posibilidades», sin precisar las posibles represalias. El Estado israelí elevó, por precaución, el estado de alerta en el norte del país, y desplegó el escudo antimisiles en la frontera con el Líbano y Siria.

Lo que ocurrió ayer fue el segundo ataque israelí en 48 horas, el tercero en lo que va de año, contra objetivos militares en territorio sirio, para impedir la llegada de armamento iraní a manos del grupo libanés Hezbolá, que lucha en el interior junto al régimen sirio. Son acciones mediante las que Israel ha comenzado a tomar parte activa en el conflicto en nombre de su seguridad y con el consentimiento de Estados Unidos, cuyo presidente, Barack Obama, ha refrendado que «Israel tiene derecho a protegerse».

Egipto condenó las ofensivas que consideran una injerencia de la soberanía nacional y pidió la actuación de la ONU. Lo mismo hicieron la Liga Árabe e Irán. Este último país, considerado el principal aliado de Damasco, aseguró que el pueblo sirio devolverá los golpes y anunció que movilizará a sus aliados en Naciones Unidas.

El Gobierno sirio declaró que con esta acción Israel «apoya a los grupos terroristas», como califica el régimen a la oposición armada, y explicó que se produce en un momento en el que el Ejército oficial ha avanzado posiciones. Por su parte, el Ejército Sirio Libre (ESL) aseveró que sus operaciones no están «vinculadas con estos ataques» y que «continuará combatiendo hasta la caída de Asad».

En la guerra que libran opositores y régimen, esta semana el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, denunció una masacre con más de 60 víctimas de la comunidad suní, mayoritaria entre los rebeldes, en la ciudad costera de Banias.

Pese al deterioro del conflicto y a los más de 70.000 muertos, EE.UU. insiste en que el uso de armas químicas es «la línea roja» que provocaría una intervención en el país. Israel acusó el pasado lunes a Siria de haberlas utilizado, pero Obama se desmarcó de las afirmaciones por falta de pruebas. Estas incursiones israelíes parecen dirimirse dentro del permanente enfrentamiento de Israel contra Irán y Hezbolá, férreos aliados de Siria; sin embargo, la maraña de alianzas está elevando el conflicto nacional a nivel regional y lo está alejando de la crisis siria que vive el país desde hace más de dos años.

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