Muere Thatcher, la dama de hierro que inició la revolución conservadora

Miles de detractores festejan en varias ciudades su muerte, mientras sus partidarios la ensalzan


Londres / E. La Voz

Margaret Thatcher (Grantham, 1925) recibirá un funeral con honores militares similar al de la reina madre y lady Di en la catedral londinense de Saint Paul, tras morir ayer de un ataque de apoplejía. La dama de hierro fue la primera mujer en alcanzar la presidencia de un potencia occidental y ganó tres elecciones en el Reino Unido, entre 1979 y 1990. Es, tras Winston Churchill, la figura política británica más relevante del siglo XX.

La salud de Thatcher venía tambaleándose desde el 2002. Tras una operación de vejiga el pasado diciembre, vivía en una suite del hotel Ritz de Londres, donde murió. El encargado de dar la noticia fue su portavoz, lord Bell.

Thatcher tomó las riendas del país en un momento de gran angustia social y económica y su fortaleza supuso una inyección de moral. «Hemos perdido a una gran primer ministro, a una gran líder y a una gran británica. No solo lideró este país en momentos de extrema dificultad, sino que lo salvó», declaró el premier David Cameron, quien recibió la noticia en Madrid, donde estaba con Mariano Rajoy, y suspendió su gira europea.

Su carácter intransigente le costó una revolución interna en el Gobierno y en 1990 tuvo que dimitir. Para su sucesor, John Major, «fue la persona adecuada en un momento delicado», aunque también reconoció que en la segunda mitad de los ochenta había perdido el control del país y el apoyo de los británicos.

El legado de sus errores

El thatcherismo tuvo tal impacto que incluso los laboristas hubieron que reinventarse hacia el centro. «Muy pocos líderes son capaces de cambiar el clima político de su país y del mundo como ella», admitió el ex primer ministro laborista Tony Blair.

No obstante, el ex alcalde de Londres y también laborista Ken Livingston ha dicho que los principales problemas a los que se enfrenta hoy el país «son el legado de sus errores».

Pionera del libre mercado y la desregulación del sistema financiero, Thatcher lideró la privatización de la industria energética y de servicios públicos. Las heridas tras los choques entre los mineros y la policía en los ochenta aun siguen abiertas. Según David Hopper, de la Asociación de Mineros de Durham, «Thatcher odiaba a la clase trabajadora». Su política intentó asfixiar a los sindicatos.

Otro frente fue Irlanda. «Su compromiso con antiguas y draconianas políticas militares prolongaron la guerra y causaron un gran sufrimiento», apuntó el presidente del Sinn Féin. Gerry Adams subrayó que Thatcher será recordada por su «vergonzoso» papel durante las huelgas de hambre de presos del IRA en 1980 y 1981, dejándolos morir.

Celebraciones

Mientras las flores se acumulan ante su casa en el barrio londinense de Belgravia, los británicos siguen divididos acerca de la dama de hierro, igual que durante su mandato: amor y odio. Algunos tienen presente también su defensa del dictador Pinochet y el que no condenase el apartheid en Sudáfrica. Ayer, miles de detractores se reunieron en varias ciudades británicas, entre ellas Brixton, Glasglow, Edimburgo y Londres, para celebrar la muerte de la que consideran responsable de un liberalismo atroz.

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