Muere Hugo Chávez: Nicolás Maduro, ¿la clave de un posible acercamiento entre Estados Unidos y Venezuela?

En EE.UU. ven al delfín de Chávez como un político «pragmático y flexible»


Washington

Apenas unas horas antes de que un compungido Nicolás Maduro anunciara la muerte del presidente venezolano, Hugo Chávez, la dura retórica del vicepresidente y designado delfín chavista acusando a Washington de estar detrás de una «conspiración» para desestabilizar a Caracas recordaba los momentos más tensos de los últimos 14 años de difícil relación bilateral.

Ante las cámaras que emitían en directo, Maduro bramaba el martes la decisión de Caracas de expulsar a dos agregados militares estadounidenses y, de paso, llegó a insinuar que el cáncer de Chávez habría sido provocado por sus «enemigos históricos», entre ellos, cómo no, Estados Unidos.

Un indignado Washington replicaba calificando de «falaz» y «absurda» una acusación que, según el Departamento de Estado daba a entender que «lamentablemente, el actual gobierno venezolano no está interesado en una relación mejorada» con Estados Unidos.

Mas, ¿es real ese extremo? Para algunos expertos, las exaltadas declaraciones de Maduro no son más que un espectáculo de airada retórica con miras domésticas de quien con más probabilidad se perfila como sucesor de Chávez.

Algo que sin embargo no impide que él encarne una posibilidad real de cambio en unas relaciones que en 14 años nunca fueron fáciles, ni siquiera con la llegada a la Casa Blanca de un Barack Obama que llegó a estrechar la mano de Hugo Chávez y aceptó de éste un simbólico regalo: el libro Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

«Los comentarios probablemente estaban dirigidos a un público venezolano en un periodo preelectoral en vez de constituir una voz final sobre el estado de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela», dijo el director de programas de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Geoff Thale.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, otro de los centros de pensamiento estadounidenses sobre las relaciones hemisféricas más reputados, ha hablado con Maduro varias veces. Y tampoco él dice ver tras su retórica más que una estrategia interna.

Maduro «es alguien que, al igual que muchos políticos, puede ser muy duro en la retórica, pero que entre bastidores es alguien con quien se puede hablar y negociar», dijo en entrevista con dpa.

En este sentido, recordó que el actual vicepresidente fue un líder sindicalista. «Y ellos tienen que negociar», al contrario que el Ejército de cuyas filas salió Chávez, destacó.

A ello se une el hecho de que Maduro sabe que tiene que convencer a las bases chavistas de que es un «revolucionario bolivariano certificado» cuando carece del «carisma» y poder aglutinador de Chávez, lo que lo obliga a buscar «otras estrategias, y una de ellas es lograr acuerdos con aquellos que hasta ahora fueron adversarios del régimen».

«Maduro está interesado en abrir canales de comunicación, pero tiene que ser cuidadoso, no puede ir demasiado lejos y empezar a colgar la bandera estadounidense en su despacho y a comer perritos calientes, porque tiene que mantener el apoyo de la base chavista, y ésta es antiestadounidense», advirtió Shifter.

Maduro, «pragmático y flexible»

«Pero es un político y esto va a poner a prueba su capacidad como político, el asegurar a su movimiento y a la base del partido y, a la vez, intentar moderarse un poco y comunicarse con Estados Unidos e incluso con parte de la opsociión, algo que Chávez nunca permitió».

«Creo que Maduro va a buscar oportunidades para hacerlo. ¿Por qué? No porque sea un demócrata, sino porque es un tipo muy práctico y quiere seguir en el poder», aseguró Shifter.

También Thale destaca el «lado pragmático y flexible» que mostró Maduro cuando fue canciller.

Las especulaciones sobre las posibles intenciones de Maduro no son baladís. De hecho, en Washington tanto el gobierno como los expertos que inundan la ciudad apuestan por que se hará con la victoria en las elecciones que deben celebrarse en 30 días.

Un hecho del que el gobierno de Obama es más que consciente desde mucho antes de que Chávez desapareciera de la vida pública para someterse en diciembre a la última operación en La Habana.

De hecho, en enero el Departamento de Estado confirmó que su máxima responsable para América Latina, Roberta Jacobson, ya habló en noviembre con Maduro, esto es, antes de la nueva recaída de Chávez.

Desde entonces, Washington ha reiterado una y otra vez que ve un «camino posible» para reparar las deterioradas relaciones, aunque Estados Unidos quiere ver medidas de «confianza», como una mejora en la cooperación antinarcóticos o antiterrorista, antes de dar el paso que busca Caracas de restablecer los embajadores retirados por última vez en 2010.

No es casualidad que tras la indignación inicial por las acusaciones de Maduro, Washington rebajara de inmediato el tono al conocer de la muerte de Chávez, con un Obama que se apresuró a reiterar su interés en una «relación constructiva» en el «nuevo capítulo» que se abre ahora para Venezuela.

La condición para cualquier acercamiento sin embargo será la evolución de las elecciones que deberán confirmar a Maduro -o a otro, que todo puede ser- como el nuevo interlocutor de Washington. Unos comicios que Estados Unidos seguirá con lupa para asegurarse de que se celebran «de acuerdo con los compromisos de Venezuela a los altos estándares democráticos del hemisferio».

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