«Mi trabajo es mentir día y noche a mis conciudadanos»


Samer es un periodista que trabaja para la cadena de televisión estatal Al Dunia y muestra poco entusiasmo por su labor. «Mi trabajo hoy es mentir día y noche a mis conciudadanos. Cuando el ELS [el rebelde Ejército Sirio Libre] entra en los campos de refugiados palestinos de Yarmuk decimos que han pagado 25.000 liras (263 euros) a los palestinos para que se fueran. Juramos que no hay rebeldes sino que son todos terroristas, a pesar de que entre los 300.000 rebeldes apenas hay unos 6.000 o 10.000 islamistas radicales».

«Negamos que el régimen esté bombardeando a la población civil cuando desde la ventana de mi oficina puedo oír los aviones sobrevolar y las bombas caer. Mentimos día y noche, pero necesitamos el trabajo para mantener a nuestras familias», afirma Samer.

La población se encuentra tan dividida como el régimen. Una división marcada por las clases sociales, aquellos que quieren mantener sus privilegios frente a los que quieren acabar con la corrupción que les despoja de los recursos de su país. Una fractura también generacional entre los jóvenes más proclives al cambio frente a una generación mayor cauta en ahuyentar una guerra confesional al estilo libanés. De hecho Damasco se asemeja cada día más a la Beirut de antaño bajo controles militares, entonces del Ejército sirio.

¿Quién queda para defender el régimen mientras políticos, funcionarios, profesores, periodistas y militares dudan de su presidente? El apoyo moral poco vale ante los enfrentamientos y los bombardeos de civiles no hacen mas que incrementar las filas de detractores de Al Asad asimilado por muchos al saqueo de los recursos del país.

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