El Pentágono intenta poner coto a los desmanes de sus generales

David Petraeus comparece hoy en el Congreso a puerta cerrada


nueva york / corresponsal

La conmoción causada por el escándalo protagonizado por el general Petraeus ha sacudido muchas cosas en EE.UU. Lo primero, la aparente inocencia de sus ciudadanos, que todavía creen o creían en los héroes. Pero también asuntos mucho más prácticos como el tipo de formación ética que el Ejército imparte a sus altos mandos.

El secretario de Defensa, Leon Panetta, firmó ayer una orden por la que ordena al jefe del Estado Mayor la revisión de esas enseñanzas y le pone como fecha tope para disponer de un informe el próximo 1 de diciembre. Y es que la aventura extramatrimonial que ha llevado a la dimisión del director de la CIA y ha implicado a otro de los principales generales estadounidenses ha sido solo la gota que ha colmado un vaso lleno.

Esta misma semana se conocía también que el general William Ward, que era el comandante de las tropas estadounidenses en África, fue retirado del servicio y degradado a teniente general. Ward había usado 82.000 dólares de fondos del Ejército para sufragar viajes de lujo no autorizados. Otro militar, el general Jeffrey Sinclair, también ha sido apartado del servicio en Afganistán y el Pentágono estudia si le hará comparecer ante un tribunal bajo las acusaciones de adulterio, sodomía e inmoralidad sexual.

Cuando el general Sinclair fue interrogado debido a que una mujer le acusó de agresión sexual y amenazas de muerte, el militar declaró: «Soy general, hago lo que quiero».

Esa parece ser la tónica de pensamiento de, al menos, algunos de los altos mandos del Ejército estadounidense en los últimos tiempos. En una de las bases áreas más importantes del país todavía se investiga una acusación contra seis instructores por violación y adulterio. Como explicaba ayer el portavoz del Pentágono, la orden para revisar la ética de los generales no se ha debido al asunto Petraeus sino que era algo que el secretario de Defensa había decidido hace tiempo. Parece fuera de duda, sin embargo, que el asunto Petraeus ha servido para acelerar la decisión.

El antiguo director de la CIA declarará hoy ante la comisión del Congreso que investiga la forma en la que la agencia manejó la información del atentado en Bengasi. Aunque la comparecencia del militar había sido cancelada, el interés de los legisladores y, al parecer también el del propio David Petraeus, ha llevado a este a comparecer. La audiencia se celebrará a puerta cerrada y, según han anunciado personas próximas al general, este solo hablará sobre el ataque a Bengasi y no aceptará preguntas sobre el escándalo sexual que le llevó a presentar su dimisión hace una semana.

Panetta aseguró ayer que no hay más militares involucrados en el asunto. El general Allen se mostró dispuesto a colaborar en la investigación de los correos que cruzó con Jill Kelley, amiga de la familia Petraeus.

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