El atentado de Beirut arrastra al Líbano hacia la guerra civil siria

Entre las ocho muertos por un coche bomba está el jefe de inteligencia


Beirut / E. La Voz

La explosión de un coche bomba sacudió ayer el corazón del barrio cristiano de Ashrafieh, en Beirut, matando al jefe de inteligencia de las Fuerzas de Seguridad Interiores (FSI) libanesas, Wisam al Hasán, y al menos a otras siete personas, además de dejar 78 heridos. El cruce de acusaciones no se hizo esperar: los partidos prosirios acusaron a Israel, mientras de las filas cristiana y suní se apuntaba al régimen de Bachar al Asad y a su aliado en suelo libanés, Hezbolá. Tanto este partido-milicia chií como Damasco se desvincularon del ataque y lo condenaron.

Tras 17 meses de conflicto en la vecina Siria, pocos dudaban de que tarde o temprano la violencia desbordaría en el Líbano, la sorpresa es que haya tardado tanto en golpear. El país está dividido en dos bloques: uno prosirio con Hezbolá y otro que aglutina a la mayoría cristiana y suní. Fue el asesinato del líder suní Rafic Hariri en el 2005, y cuya autoría se atribuye a Damasco, lo que provocó la retirada de las tropas sirias tras 29 años.

No obstante, sus aliados y sus servicios secretos permanecieron en el país de los cedros. Entre ellos el exministro de Información Michel Samaha, arrestado en agosto acusado de «planear atentados contra objetivos suníes y de la comunidad cristiana maronita», con la guerra siria como telón de fondo.

Si en un principio se interpretó el atentado como una forma de involucrar a los cristianos en el enfrentamiento entre suníes y chiíes que ha generado el conflicto sirio en el Líbano, la muerte del general de Wissam al Hasán a cargo de la unidad que lideró el arresto de Samaha le convierte en el más plausible objetivo del atentado.

Fuentes anónimas de la seguridad libanesa aseguran que el general era objetivo de Hezbolá desde hace meses: «Llevaba siempre varios coches y variaba el itinerario continuamente. Este atentado es un trabajo de un grupo muy preparado, muy profesional». Tras el asesinato de Hariri, «es el mayor golpe que ha sufrido el Líbano y las consecuencias serán de gran magnitud», añaden.

A las pocas horas del atentado manifestantes empezaron a cortar las calles de Beirut y tuvieron lugar choques armados en el norte del país entre partidarios y detractores de Al Asad. Las líneas de teléfono permanecían anoche saturadas y las calles vacías. El asesinato del general puede convertirse en el detonador de la inclusión de facto del Líbano en la guerra en Siria. Un escenario que beneficiaría a Damasco

El general Wissam al Hasán, próximo a la opositora Futuro de Hariri, estaba en el punto de mira de grupos prosirios como Hezbolá desde que colaborara en las investigaciones sobre el asesinato en el 2005 de Rafic Hariri y de otros atentados contra políticos antisirios.

Gran parte de la comunidad española, entre ellos varios gallegos, reside en el barrio cristiano de Ashrafieh, lugar donde se produjo el atentado. Uno de los gallegos reside en la misma calle donde estalló el coche bomba, y su vivienda ha sufrido importantes daños. Prefiere mantener el anonimato puesto que ayer por la tarde no había logrado contactar aún con su familia. «Estaba en la oficina cuando ocurrió, pero han estallado los cristales de la casa, las persianas, y la calle esta llena de cascotes y destrozos. Estamos aun limpiando», afirma.

La ferrolana María Iverski, de 35 años y que vive en Beirut desde hace tres, se encontraba en su casa en el momento de la detonación: «Oí una explosión fortísima, salí al balcón y todo el mundo ya estaba asomado. Imaginé que había pasado algo gordo. A los cinco minutos me dijeron que era una bomba en la plaza de Sassine, así que cogí el bolso y salí». «Al bajar a la calle me encontré un escenario de caos total; todo lleno de ambulancias, militares y gente mirando. Y muchos nervios», afirma María, que aún no había logrado localizar a su familia para tranquilizarles, ya que las líneas telefónicas estaban colapsadas..

La embajada española no tiene constancia de víctimas españolas. «Estamos tomando medidas y habrá que esperar 24 horas para valorar las consecuencias», afirmó un portavoz a La Voz.

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