Varios socialistas dejan una fiesta en la que estaba Strauss-Kahn


François Hollande intenta marcar distancias con Dominique Strauss-Kahn, que irrumpe en la escena política en el peor momento. Tras la falsa entrevista publicada por The Guardian y una fiesta trampa en un restaurante parisino, el diario conservador Le Figaro publicó ayer sus declaraciones ante el juez del escándalo Carlton.

El exdirector del Fondo Monetario Internacional está procesado por «proxenetismo agravado en banda organizada». Este caso, unido al del Sofitel de Nueva York, hizo que el Partido Socialista declarara persona no grata al antiguo favorito de las encuestas. Hollande insiste en que Strauss-Kahn «no está en la vida política» y ha llamado al orden a Julien Dray, quien invitó a su fiesta de cumpleaños a un centenar de amigos que se encontraron con la sorpresa de que él estaba allí. Ségolène Royal se fue corriendo y lo mismo hicieron Manuel Valls y el resto de dirigentes socialistas vinculados a la campaña. La posibilidad de una foto de familia embarazosa ha enfadado al candidato.

Sarkozy insiste en meter el dedo en la llaga y se dice «muy orgulloso» de que su jefe de campaña y su portavoz «no se vayan a cenar a un restaurante de la calle Saint-Denis con alguien procesado por proxenetismo». Y es que esa calle está llena de sex shops.

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