Arranca la campaña al Elíseo con ligera ventaja de Sarkozy

La ultraderechista Le Pen, favorita entre los jóvenes electores franceses


parís / corresponsal

Desde ayer, todo está rigurosamente controlado. Los diez candidatos a la presidencia francesa tienen el mismo tiempo de palabra en los medios de comunicación, lugares asignados para pegar sus carteles y el derecho a dirigirse por correo a sus cuarenta y cinco millones de electores potenciales. La campaña oficial empezó un lunes festivo que la mayoría de los candidatos dedicaron a reponer fuerzas.

Las cadenas de radio y televisión empezaron a emitir los microespacios preparados por los partidos. El Consejo Superior Audiovisual controla que se repartan al segundo los 43 minutos de antena a que tiene derecho cada candidato. El sorteo ha establecido que el último en hablar antes del cierre de la primera fase de la campaña el viernes 20 será Nicolas Sarkozy.

Los sondeos loe siguen dando como ganador de la primera vuelta, pero todos coinciden también en que el socialista François Hollande lo derrotará en la segunda, el 6 de mayo. El presidente-candidato ha subido sin parar en la intención de voto desde que lanzó su ofensiva de campaña. Sin embargo, los sondeos revelan también la inquietante progresión de Marine Le Pen entre los más jóvenes. Un 26 % de los electores entre 18 y 24 años se han entregado a la líder del Frente Nacional, con una imagen mucho más presentable que su padre. En una entrevista en Le Figaro, la ultraderechista se proclama como «la candidata del antisistema».

Hay otro aspirante al Elíseo que reivindica también ese título. Por la izquierda, Jean-Luc Mélenchon acorta distancias y según algunas encuestas está a punto de quitarle el tercer puesto a la candidata del Frente Nacional. Mélenchon amenaza con llevarse los votos de la izquierda más radical en detrimento de Hollande.

Ni Sarkozy ni Hollande han cambiado de eslogan. En su primer anuncio, el conservador ocupa la pantalla sobre un fondo azul y su lema «Francia fuerte». Rematan unas imágenes de su mitin de Villepinte y una petición: «Os necesito para construir esa Francia fuerte».

Los socialistas muestran a François Hollande en una sucesión de mítines invocando la igualdad como motor de su acción política. Recuerda a Mitterrand, a De Gaulle e incluso la Revolución Francesa.

Marine Le Pen promete rebajar el precio de la gasolina, y la ecologista Eva Joly sale con gafas verde césped.

El presidente saliente ha pasado de seguro derrotado a tener serias posibilidades de ser reelegido. Se apunta el tanto de haber evitado a los franceses lo peor de la crisis y ha aprovechado los crímenes de Toulouse para poner la seguridad en el centro del debate. Su última propuesta, abaratar el carné de conducir.

Favorito desde el primer momento, su decisión de no caer en la confrontación le ha recortado intención de voto por la izquierda. Hollande ha presentado un ambicioso programa que mantiene las prestaciones sociales sin hacer de la reducción de la deuda el principal objetivo. Está cediendo terreno.

La hija del viejo Jean-Marie ha conseguido que una parte de los franceses olvidaran su temor ancestral a la extrema derecha. La salida de Francia del euro es su principal argumento, además de la lucha contra la inmigración, que suele asimilar al islam, contra el que apoya la identidad nacional francesa.

Su poderosa personalidad le ha hecho subir como la espuma en los sondeos. Abandonó el PS en el 2008 y su mensaje radical ha calado en el electorado de izquierdas. Decidido a «hacer de esta elección una insurrección», ha conseguido que Sarkozy lo elogie públicamente. Quiere romper con el liberalismo.

Va viento en popa y no deja de subir en las encuestas. Podría reeditar la sorpresa del 2007, cuando se colocó de tercero en la primera vuelta con más del 18 % de los votos. Fue el primero en hablar de la crisis de la deuda en el 2007 y defiende la producción en Francia para luchar contra la pérdida de empleos.

La ex juez anticorrupción de Europa Ecología-Los Verdes no acaba de despegar en las encuestas. Su origen noruego y su dificultad para expresarse en francés la han relegado al pelotón de cola a la hora de convencer. Su propuesta de acabar con la energía nuclear en Francia no ha calado en el electorado.

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