Los argentinos miran más a sus problemas que a las Malvinas

América Latina se posiciona con Buenos Aires, lo que no hizo en 1982


buenos aires / corresponsal

Los argentinos viven más preocupados de sus problemas personales que del trigésimo aniversario de la guerra de las islas Malvinas, cuestión que sí se ha convertido en una de las prioridades en la agenda de la presidenta Cristina Fernández, aunque solo desde hace cinco meses.

Fue a principios de este año cuando el Gobierno argentino denunció en todos los foros posibles el colonialismo británico. Alertó de la entrada de armas nucleares en la región, protestó diplomáticamente por la militarización de la zona y tomó como una provocación la presencia del príncipe Enrique en las islas para maniobras militares.

Pero la clave de la fricción con el Reino Unido es el potencial petrolero de las Malvinas. Empresas británicas lanzaron prospecciones en el 2010, lo que motivó demandas de Buenos Aires al considerar que esos yacimientos están en aguas de la plataforma continental de su país.

El pasado jueves, el secretario de Defensa británico, Philip Hammond, declaró en tono sarcástico que Argentina no representa «una amenaza militar» porque solo tiene «viejos aviones», ya que, desde la guerra de Malvinas «no ha comprado ninguno», y «nada puede hacer frente a los aparatos de guerra más avanzados del mundo que posee el Reino Unido».

En este clima, la viuda de Kirchner consiguió hacer de su problema una cuestión regional. El Parlamento Latinoamericano, la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Río defienden la soberanía argentina de las islas. La Unión de Naciones Suramericana (Unasur) manifestó su repudio a la ocupación inglesa, y el Mercosur, la prohibición de atracar en sus puertos a buques con bandera de las Falkland (Malvinas). Aunque Chile no renunció a mantener vuelos a las islas, y Uruguay dejó claro que no apoyaría un bloqueo comercial a ningún territorio. Hace 30 años, solo Perú colaboró con Argentina.

Todos estos esfuerzos dan a entender que a la presidenta, cuya popularidad se resiente por la situación económica y los errores de Gobierno, le interesa ahora agitar la conciencia nacionalista, pese a llevar en la Casa Rosada desde el 2003, cuando Néstor Kirchner llegó al poder. Sus declaraciones provocadoras han ido subiendo de tono y cosechado taxativas respuestas del Gobierno de David Cameron. Pero a los argentinos les preocupan más las trabas a las importaciones, la escasez de medicinas y combustible, la inflación, el aumento de precios y la incertidumbre del rumbo del Gobierno en materia económica.

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