La energía nuclear resiste al accidente de Fukushima

El desastre ralentizó los proyectos, pero ya hay 63 centrales en construcción

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Reuters

Redacción / la voz

La energía nuclear ha sobrevivido a la catástrofe de Fukushima. Justo un año después de que un terremoto y, sobre todo, el posterior tsunami con olas de más de quince metros provocasen el segundo mayor accidente nuclear de la historia después del de Chernóbil, aunque ambos hayan sido catalogados con el mismo nivel de riesgo en la escala INES, el mundo no parece dispuesto a renunciar a la fisión del átomo como fuente para la producción de electricidad.

Después de Fukushima las 436 plantas nucleares que operan en el mundo continúan en funcionamiento -aunque Japón sigue manteniendo parados 52 de sus 54 reactores para reforzar su seguridad-, mientras que otros 63 están en construcción y existen planes, en diferente grado de desarrollo, para levantar otras 150 centrales.

«Salvo unos pocas excepciones, la mayoría de los países han reafirmado sus compromisos con esta energía baja en carbono», asegura John Ritch, presidente de la Asociación Nuclear Mundial (WMA por sus siglas en inglés). Pero su afirmación es una verdad a medias, porque el sector nuclear, que vivía un estado de efervescencia antes de Fukushima, no ha salido indemne de la crisis de Japón y las excepciones a las que alude, aunque pocas en un contexto mundial, son relevantes. Especialmente importante ha sido la postura de Alemania, que se mantiene firme en su postura de renunciar por completo a la energía nuclear en un cierre programado que culminará en el 2020. El mismo ejemplo han seguido Bélgica y Suiza, en tanto que Italia decidió el pasado año en referendo abandonar sus planes nucleares. A todo ello hay que añadir un rechazo creciente por parte de la opinión pública mundial y una ralentización de los proyectos para construir nuevas plantas, aunque también es cierto que en ello influye de forma importante el elevado coste que supone poner en marcha un reactor, en torno a 7.000 millones de euros.

«Se ve que hay un cierto rechazo en el lanzamiento de nuevos reactores», según explicó a Efe Luis Echevarri, director de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE. Sus previsiones apuntan a que el sector nuclear experimentará un retraso de entre tres y cuatro años en la materialización de nuevos proyectos, una demora muy inferior a los veinte años que supuso el shock de Chernóbil.

Sudeste asiático

Pero al sector nuclear tampoco le faltan razones para sostener que el mundo ha superado la prueba de Fukushima. El mayor respaldo llegó el mes pasado con el anuncio de Estados Unidos de que construirá dos nuevas centrales en Georgia y que planifica otras dos más para Carolina. Francia también prevé otra más, que se añadirá a otra ya en construcción, al igual que Finlandia, mientras que el Reino Unido sigue buscando emplazamiento para otros ocho reactores, aunque en este caso el Gobierno espera que la financiación sea mayoritariamente privada, lo que no será fácil de conseguir. Pero el mayor apoyo a la fisión del átomo proviene del sudeste asiático, que concentra más del 60 % de las unidades en construcción, con China, con 25, a la cabeza.

España también parece aliarse con el movimiento nuclear, como lo prueba la decisión de prolongar la vida útil hasta el 2019 de la central de Santa María de Garoña, cuyo cierre estaba planificado para el 2013.

Lo que sí ha propiciado Fukushima es el refuerzo de la seguridad nuclear. Desde Europa, Rusia, China a Estados Unidos, el mundo ha sometido a sus centrales a pruebas de resistencia, lo que también se traducirá en un mayor coste de la electricidad de origen nuclear.

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