Qué piensa la disidencia silenciosa siria

Opositores internos pacíficos aún confían en una apertura del régimen

Reuters

damasco / servicio especial

Al principio se aferró con esperanza a las revueltas, pero ahora asiste desolada al giro que han experimentado los acontecimientos en su país. La oposición interna siria se siente atrapada entre dos bandos que le disgustan por igual. Repudia la violencia que utilizan los militares contra los ciudadanos, pero, al mismo tiempo, ve con temor el ascenso de Burhan Ghaliun al frente del Consejo Nacional Sirio (CNS), el órgano que ha logrado asentarse en Túnez como oposición legítima al régimen de Bachar al Asad.

Abdelkarim trabaja en una televisión siria y es un activista de la oposición interna. «Hace 20 años conocí a Ghaliun en París. Pregunté quién era. Y sus amigos me dijeron: ??el próximo presidente sirio??. Yo me reí». Abdelkarim califica a Ghaliun de oportunista y cobarde. «Cada vez que venía a Siria, rehusaba sentarse en un café con nosotros, temía que lo encerraran como nos pasó a casi todos».

Para Abdelkarim es incomprensible que Ghaliun, que escribió un libro sobre la separación de la religión y el Estado, sea hoy el primer aliado de los Hermanos Musulmanes.

«¿Qué sirio quiere ver a su pueblo destruido? La verdadera oposición vive en Siria y rechazamos toda intervención extranjera porque no queremos ver nuestro país reducido a cenizas por intereses personales de exiliados o económicos de Occidente», asegura.

Confía en que la revolución lleve a Al Asad a medidas aperturistas y piensa formar un partido con otros miembros de la oposición interna. Hoy votará sí a la nueva Constitución, dejando atrás años de temor a las rejas.

También, y aunque parezca una contradicción, los intelectuales cristianos se amparan en el régimen de Al Asad.

Los cristianos, con Al Asad

Meriam es un alto cargo en el Ministerio de Industria. Se considera opositora. «No estoy ni con el régimen ni con los opositores armados», dice.

La violencia engendrada por el uso de las armas que Meriam achaca a ambos bandos, Ejército y opositores, la ha llevado a retroceder en su batalla política y a alinearse tras el régimen. Y viceversa, este, que veía en esa clase intelectual y laica su peor enemigo, se le ha acercado con diálogo y concesiones.

«No todo lo que se cuenta es verdad. El barrio de Baba Amro, en Homs, es un nido de radicales salafistas y, si hay mujeres y niños es que sus familias han decidido quedarse. Si el Ejército hubiera querido, habría acabado con Homs en dos horas», opina.

Meriam es cristiana de Homs. Si bien critica al régimen por haber abusado de la fuerza contra manifestantes pacíficos, hoy el temor le hace ampararse en él.

«Si la alternativa a Bachar son los salafistas y los Hermanos Musulmanes, yo me quedo con él. Hace cuatro días me manifesté delante del Parlamento contra el nuevo artículo 3 de la Constitución [el presidente ha de ser musulmán]. No me pasó nada. Este régimen es laico y los sheikhs musulmanes están aprovechando la coyuntura para imponer su visión», insiste.

Entretanto, Damasco, la capital siria, parece vivir ajena a la violencia que el viernes dejó más de 100 muertos en varias ciudades, y ayer unos sesenta. Ni la reunión de los Amigos de Siria, en Túnez, ni el referendo de hoy sobre la nueva Constitución han conseguido cerrar tiendas o alterar el tráfico.

Hoy están llamados a votar 14 millones de sirios en favor o en contra de la nueva Carta Magna. El texto recoge la apertura a un supuesto multipartidismo que acabe con el monopolio del partido Baaz, en el poder desde 1963. Reduce los mandatos presidenciales a dos, de 7 años.

En la Plaza de las 7 Fuentes, en el centro de Damasco, ondea una bandera gigante con la foto de Al Asad. Un grupo de sus seguidores marchan contra la cita de Túnez. «Solo Siria puede decidir su futuro, ni los árabes ni los americanos deben entrometerse», grita uno. Una mujer se une: «¿Dónde está Al Yazira? ¿Por qué no enseña esto?».

En el barrio cristiano Bab Tuma de Damasco, las fotos de Al Asad están omnipresentes. El miedo a una «caza de cristianos» si cae se extiende como la pólvora. «Los suníes radicales nos lo han puesto muy claro: los alauíes, al cementerio, y los cristianos, a Beirut», dice un comerciante. Y añade: «En Homs han secuestrado a más de 60 jóvenes alauíes y cristianas».

Precisamente ayer, las negociaciones entre la Media Luna Roja y las autoridades para la evacuación de heridos en Homs fracasaron. Y la ciudad y otras poblaciones siguieron sufriendo bombardeos.

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