La ayuda no llega y la miseria sigue siendo la foto fija en Haití

Dos años después del seísmo unos 500.000 refugiados se aferran a la vida en campos que ya nadie visita


redacción / la voz

Haití, Chile y Japón han compartido la desgracia de sufrir devastadores terremotos. Los dos primeros en el 2010, y el último, el año pasado. Pero ni de lejos se semeja su presente ni su futuro.

Haití, dos años después de aquel trágico 12 de enero con un terremoto de magnitud 7 que mató a más de 222.000 personas, hirió a más de 300.00 y dejó en las calles a más de un millón y medio, sigue buscando la ayuda internacional prometida (unos 11.000 millones), de la que ya vivía.

Todavía más de 500.000 víctimas se aferran a la vida en campamentos que ya nadie visita, y sin esperanza de prosperar. El panorama sigue siendo desolador. La foto de la miseria es fija.

Unos 4,5 millones de haitianos tienen escasez de alimentos y el 60 % de la población carece de empleo. Veinticuatro meses después, 5 millones cúbicos de escombros han sido retirados de Puerto Príncipe, pero quedan otros tantos, y mientras no se puede construir.

Falta de viviendas

Lo grave es que «por ahora no hay cómo resolver el problema de las 500.000 personas sin hogar», dice Xavier Guenot, de la Cruz Roja. No pueden alquilar vivienda, ya que no tienen dinero y tampoco hay casas.

La Unión Europea, principal donante mundial de Haití, anunció el martes que destinará otros 23 millones de euros para reparar o levantar hogares para 60.000 personas. Mientras, la vulnerable Haití sigue esperando en el limbo, y su peor tragedia sigue siendo el olvido.

Pero en el país más pobre de América, ni tan siquiera las elecciones y el nuevo presidente, Michel Martelly, han dado luz al pueblo. «Se trata del primer traspaso pacífico de poder en la historia de Haití de un presidente elegido democráticamente a otro de la oposición», como resaltaron las Naciones Unidas el 14 de octubre del 2011, cuando aprobaron reducir su misión (Minustah) y ampliar su mandato. En esa fecha, la ONU hablaba de 600.000 desplazados internos dependientes para su supervivencia. En el mismo texto evitó hacer referencia a los marinos uruguayos de la Minustah acusados de la violación de un joven haitiano. No fue el único hecho que empañó su extraordinaria labor. Negó por activa y por pasiva el origen de la epidemia de cólera (erradicada en la isla hacía un siglo) y que las autoridades locales atribuyeron al Ejército de Nepal.

Medio millón de infectados

La enfermedad llegó «para seguir matándonos», dice Johnson Gherrier (21 años), paciente en Puerto Príncipe atendido por Médicos Sin Fronteras. El jefe de esta oenegé en el país, Gérard Bedock, reconoce que esa intervención fue la más importante en los cuarenta años de vida de MSF. Y es que más de 7.000 haitianos murieron de cólera desde octubre del 2010 y unos 522.000 resultaron infectados.

Tampoco el panorama en este aspecto es muy alentador. La epidemia está lejos de haber sido superada, dice la portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, Elisabeth Byrs. En cambio, Chile debate ahora sobre la calidad de la educación. Y Japón ya se levantaba siete meses después del tsunami acogiendo el Campeonato Mundial de Gimnasia.

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