El delfín nicaragüense de la pecera bolivariana


redacción / la voz

Tan contento debe estar Daniel Ortega con su cosecha de votos como el propio Hugo Chávez con su criadero de delfines, el primero bendecido además por la gracia cardenalicia de Miguel Obando, su enemigo en los ochenta y ahora colaborador de su Gobierno. El segundo, gracias a su siembra de petrosemillas, ha mantenido a Nicaragua en la pecera bolivariana con Ecuador (Rafael Correa), Bolivia (Evo Morales), Argentina (Cristina Fernández) y la hermana Cuba (Raúl Castro).

Ambos, Ortega y Chávez, defienden el nuevo socialismo del siglo XXI, y la unión de la patria latinoamericana como única; uno a través de la revolución bolivariana, y otro, más pragmático, de la sandinista descafeinada y cristiana.

Chávez, que fue un elemento omnipresente en la campaña nicaragüense por su generosidad con los pobres, se apresuró ayer en reiterar el compromiso de la patria de Simón Bolívar con la de Augusto C. Sandino. Pero las coincidencias entre estos mandatarios van más allá: ambos utilizaron triquiñuelas para optar de nuevo a otro mandato y comparten médicos en Cuba. Fuera de sus feudos, el bolivariano se alinea con los líderes de la lista negra de EE.UU.: Irán, Rusia y Cuba. Mientras, el sandinista evolucionado, amigo de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), también se arrima a Washington, Taiwán y al FMI.

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