Los chilenos quieren ir a la universidad, pero sin endeudarse

El Gobierno, en cambio, considera la educación un bien de consumo


Santiago de chile / serv. Especial

Llevan tres meses protestando en las calles de Santiago de Chile y de diferentes ciudades de todo el país, y todavía tienen la certeza de que sus reivindicaciones para fórmulas de acceso más justas a la universidad, de financiamiento gratuito y mayor calidad en la educación no son aceptadas por el Gobierno.

Pero los estudiantes chilenos están educando a la sociedad a ser perseverante en la denuncia de la injusticia.

Repiten machaconamente que tras las reformas impuestas por la dictadura de Augusto Pinochet, solo el 25 % del sistema es financiado por el Estado, lo que supone a día de hoy que en la educación superior el aporte estatal corresponda a un exiguo 16 %, siendo el más bajo del mundo, mientras que, por ejemplo, en España, es del 72 %, y la media de la OCDE -de la que Chile es miembro- del 76 %.

Para comprender el drama familiar que supone educar a un hijo en las universidades chilenas debemos saber que el coste anual de una carrera universitaria es de 3.900 euros, aproximadamente, mientras que los ingresos de una familia media son de 615 euros. Si esta familia tiene un hijo en la universidad deberá dedicar mensualmente 325 euros de sus ingresos al pago de los aranceles universitarios, lo que es insostenible para el grupo familiar.

Uno de los mecanismos estatales para paliar esta situación es el denominado Crédito Universitario, que consiste en prestarle al estudiante el dinero suficiente para que pueda terminar su carrera universitaria. Dinero que deberá devolver una vez ingresado en el mercado laboral en un plazo máximo de 25 años, a un interés del 8 %, dejándolo así endeudado de por vida.

Eso en el caso que pueda terminar la carrera, pagándose los otros gastos que conlleva, aclaran los líderes estudiantiles, ya que el 40 % abandonan los estudios por falta de recursos y con una deuda que lo calificará como moroso de por vida para el sistema bancario chileno.

El sistema educativo actual permite el lucro hasta la enseñanza media, mientras que en la educación superior la prohíbe. Pero por todos son conocidos los ardides que utilizan las universidades privadas para eludir, por la puerta trasera de la ley, esta prohibición.

Esta situación ha provocado más indignación en los estudiantes y en la sociedad chilena, tal como refleja la última encuesta CEP, en la que el 80 % de los consultados rechazan el ánimo de lucro en la educación.

«Queremos una educación gratuita y de calidad financiada por los impuestos de los que más tienen», gritan los estudiantes en las calles. Mientras, el presidente, Sebastián Piñera, en medio de las protestas, reafirma que la educación es «un bien de consumo». Casi a la vez, Carlos Larraín, senador y presidente del partido conservador gobernante, manifiesta que «una manga de inútiles subversivos no van a doblegar al Gobierno».

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