La central de Fukushima no resistió el terremoto por fallos en su diseño

La industria nuclear enfrenta retos de seguridad ante una ecuación difícil con las energías renovables que aún no pueden satisfacer la demanda de la sociedad.


El reactor 1 de la central nuclear de Fukushima, el más afectado por el terremoto del pasado 11 de marzo, no resistió porque «inexplicablemente» no cumplió desde su diseño las normas reglamentarias de construcción.

El ingeniero civil y experto en energía sísmica Rodolfo Saragoni así lo aseguró hoy en Madrid, durante una conferencia magistral en el Consejo de Seguridad Nuclear, la primera sobre el «input sísmico» o enseñanzas para plantas nucleares tras el accidente de Fukushima.

«Este ha sido el primer accidente nuclear de la historia provocado por una catástrofe natural», aseguró el experto, tras recalcar que Japón ha sido hasta ahora el país mejor preparado para afrontar terremotos y tsunamis.

Según el ingeniero chileno, «Fukushima ha cuestionado la teoría y ecuaciones sismológicas como las conocemos».

Ni siquiera el terremoto «premonitor» que se registró dos días antes con una intensidad de 7,2 grados Ritcher cumplió su papel de alerta. El modelo de predicción señaló un terremoto máximo de 8 grados con probable tsunami de olas no superiores a los cinco metros.

El terremoto real, alcanzó los 9,2 grados y sumergió la superficie continental 1,3 metros y causó olas de hasta 14 metros, mientras que la central estaba a 13 metros sobre el nivel del mar en su momento de construcción, explicó.

«Ni los muros de 5 metros de contención ni las barreras vegetales pudieron con el tsunami, que llegó 18 minutos después de que el terremoto sumergiera la costa», relató Saragoni, científico del Centro Internacional de Seguridad Sísmica del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

El ingeniero apuntó, por otra parte, que ya en 2008 el OIEA, conexo a las Naciones Unidas, detectó que «Fukushima no era segura» por contar con «criterios sísmicos obsoletos» y que podría generar problemas.

Para contextualizar su afirmación, Saragoni resaltó las diferencias de medición entre expertos nucleares e ingenieros japoneses y estadounidenses, éstos últimos «dueños» de la tecnología nuclear en los años sesenta, cuando se diseñaron las primeras nucleares, entre las que se cuenta Fukushima (1971).

Los japoneses, dijo, han adaptado los niveles de resistencia de los modelos estadounidenses, los pioneros de la sismología moderna con los estudios del terremoto de 1906 en San Francisco, para ajustarlos a su entorno.

Aunque tanto California, la zona de mayor sismicidad de Estados Unidos, como Chile y las islas japonesas están en el área cincunpacífica, de alta actividad y contacto de placas tectónicas, la falla de Estados Unidos no es de subducción.

Esa diferencia, además de que por estar en el cinturón de fuego (que genera sismicidad de origen volcánico) Japón cuenta con otros índices de riesgo, hace que los primeros fundamenten sus cálculos en la probabilidad y los japoneses en predicciones deterministas.

Por otra parte, los japoneses desarrollaron cálculos basados en su propia experiencia y registro y calibración de datos, recogidos durante el fuerte terremoto de 1923, en Kwato, que incorporó un «coeficiente de sismicidad» medido en la g (fuerza de gravedad), la misma unidad que utilizan los estudios americanos para la aceleración.

«Aún con esta diferencia unos y otros, diseñadores y constructores se han puesto de acuerdo para atender los estándares de seguridad antisísmica que en la construcción de nucleares se multiplican por tres», sostuvo Saragoni.

En el caso de Fukushima, «inexplicablemente» los índices de seguridad modélicos que se toman en cuenta «son los más bajos», que el experto comparó con los que corresponderían a un «temblor» de intensidad VII Mercalli y no más de una magnitud 6-7.

Independientemente de las consecuencias legales de esta información, «que es pública», Japón afronta una «tragedia nacional.

Cómo explicar a la población que lo más seguro ha fallado», apuntó.

Rodolfo Saragoni, que intervino en la redacción de las normas de construcción antisísmica de Chile y trabaja desde hace más de 30 años con los japoneses declaró que esta situación los ha hecho «llorar de impotencia».

La industria nuclear enfrenta «retos de seguridad» ante una «ecuación difícil» con las energías renovables que aún no pueden satisfacer la demanda de la sociedad actual, apuntó.

A futuro, añadió el ingeniero chileno, la paleontosismología nos ayudará a prepararnos mejor si conocemos la «huella del pasado» y el periodo de retorno de los terremotos. «No podemos predecirlos, pero sabemos que se repiten», sentenció.

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