Obama, ¿realismo o falta de liderazgo?


Con una mayoría republicana en el Congreso, estaba claro que Obama no tenía posibilidades de hacer pasar su presupuesto. La batalla política, por tanto, giraba en torno a otras cuestiones. Los republicanos la planteaban como un debate ideológico sobre «más» o «menos» Estado, y también sobre lo que una parte de su electorado considera «gastos inmorales» (control de natalidad, medio ambiente). Este presupuesto, que Obama se equivocó al no presentar el año pasado cuando todavía tenía mayoría, tan solo es ya para seis meses, lo que confirma que, en sí, no es tan importante.

Obama lo vio, en cambio, en términos puramente prácticos: ¿cuánto se podía salvar de los (pocos) proyectos que ha podido sacar adelante hasta ahora, sobre todo la seguridad social y el medio ambiente? Los republicanos apuntaban directamente a esos capítulos y lo que Obama quiere presentar ahora como un éxito es que los ha preservado, aunque sea a cambio del mayor recorte presupuestario de la historia del país. El problema es que la seguridad social y las medidas para el medio ambiente habían sido también aprobadas con la mirada puesta en el consenso, con lo que estaban ya muy descafeinadas. La derrota ideológica y los recortes, sin embargo, son un precedente que pesará duramente sobre las batallas políticas que se avecinan, y a la larga acabarán llevándose por delante también esas tímidas reformas que Obama tanto se ha esforzado por preservar.

Se ha escrito mucho estos días del precedente de Bill Clinton, que en 1995 se encontró en una situación idéntica, con un Congreso hostil que frenaba la aprobación del presupuesto. Clinton se la jugó: cerró los servicios públicos durante un tiempo y se fue a la televisión a culpar a los republicanos. Le funcionó: ganó la reelección. Pero Obama no es Clinton. Ni tiene su oportunismo ni tampoco su coraje político. Su manera de entender la presidencia es como una mediación, no como un activismo. Lo contrario de lo que prometía como candidato. En este debate presupuestario ni siquiera se ha implicado hasta el último momento, como si creyese que tenía que estar por encima de estas cosas. Ayer, en los pasillos de la Cámara, algunas voces de su partido hablaban ya sin ambages de «falta de liderazgo».

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Obama, ¿realismo o falta de liderazgo?