«Yo me fijaría mucho en lo que ocurra en Libia»


El historiador estadounidense, que ha vivido en Beirut y en El Cairo, destaca que «es la primera vez que en el mundo árabe el pueblo se levanta para derrocar a los dictadores sin que haya un partido organizado detrás». Pronostica que las «repúblicas dinásticas» tienen más posibilidades de ser desestabilizadas que las monarquías. Y alerta sobre lo que pueda pasar en la Libia de Muamar Gadafi.

-¿Cómo cree que afectará esta ola democratizadora a otros países de la zona?

-Ya ha habido protestas populares en Argelia, el Yemen y Jordania, y están comenzando en Sudán. Yo me fijaría mucho en lo que pueda ocurrir en Libia. Los países más en peligro son las repúblicas que han sufrido dictadores vitalicios, muchos de los cuales están intentando crear dinastías pasando el poder a sus hijos. Aparte de Jordania, donde no parece que se mantengan las protestas, no ha habido grandes manifestaciones contra las monarquías, donde el reinado y la sucesión dinástica son instituciones aceptadas. Además, las monarquías del Golfo son ricas y las clases medias tienen mucho que perder desafiando la estabilidad del status quo. Así, los países que yo observaría más de cerca son las «repúblicas dinásticas» y creo que las que desestabilizarían la economía global son Argelia y Libia, por sus exportaciones de petróleo y gas. Una gran revolución en uno de estos países provocaría un aumento de los precios de los hidrocarburos.

-¿Por qué los egipcios se han rebelado precisamente ahora?

-Los egipcios llevan muchos años descontentos con sus gobernantes. Ha habido movimientos políticos que han exigido una vuelta de las elecciones libres, como el movimiento Kifaya (que significa algo así como «¡basta ya!»), y el partido Ghad («mañana»), encabezado por Ayman Nour, que intentó en vano desafiar a Mubarak en las últimas elecciones presidenciales y acabó en la cárcel. El año pasado hubo protestas frente al Parlamento egipcio de trabajadores de fábricas y sindicalistas para exigir mejores salarios. Así que el pueblo egipcio ha ido acumulando mucha ira en los últimos años. El éxito de los tunecinos al derribar a Ben Alí mediante manifestaciones populares encendió un movimiento nuevo y decidido en Egipto, que es lo que estamos presenciando ahora.

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