La peor «Niña» en 40 años es la culpable del desastre australiano

El cambio climático parece estar detrás de la intensificación de los fenómenos extremos, pero aún es pronto para demostrarlo


redacción/la voz.

Australia sufre las mayores inundaciones de su historia; las lluvias torrenciales dejan sin hogar a más de un millón de personas en Sri Lanka; Filipinas está anegada... Lo que ahora viven los ciudadanos del sudeste asiático no es un hecho aislado, sino que se suma a la lista de desastres climáticos causados por las fuertes precipitaciones que ya el pasado año provocaron en Pakistán la mayor crisis humana de la historia reciente, con más de 1.500 muertes y 20 millones de personas desplazadas a causa de unas lluvias monzónicas excepcionalmente intensas. China también experimentó en verano las peores inundaciones desde 1988, mientras que en Indonesia se dobló la media de precipitaciones de junio a octubre, y en Colombia cientos de víctimas mortales el año pasado.

Detrás de esta cadena de desgracias concatenadas solo existe un único culpable: la Niña. Este fenómeno meteorológico, que suele suceder a el Niño, pero con el efecto contrario, trae por lo general precipitaciones torrenciales. Pero este año ha sido excepcional. Ha sido, según la Organización Meteorológica Mundial, el peor desde la década de los setenta. «La respuesta atmosférica ha sido especialmente fuerte, alcanzando el índice de Oscilación Austral su valor más alto desde septiembre de 1973», recoge la institución dependiente de la ONU.

A la vista de la intensidad del fenómeno, lo que ha pasado y esté ocurriendo en el sudeste asiático y Oceanía entra dentro de los esperado. Así lo cree Luis Gimeno Presa, responsable del grupo de Física de la Atmósfera y el Océano de la Facultad de Física de Ourense, que asegura que «lo que está sucediendo entra dentro de la normalidad, es una respuesta lógica dentro de la circulación atmosférica, aunque la Niña de este año ha sido más severa que las anteriores». Esto es lo que realmente ha variado: su mayor intensidad.

Pero, según los expertos, aún es pronto para determinar si el suceso forma parte de la variabilidad natural del clima o se enmarca dentro del proceso de cambio climático que vive el planeta, cuyos modelos teóricos apuntan a una mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos y a un cambio en su distribución territorial. Dentro de este modelo, los científicos pronostican que un planeta más cálido llevará, por lo general, a sequías e inundaciones más intensas, pero lo que resulta más difícil de predecir es qué ocurrirá con fenómenos particulares como el Niño o la Niña .

Hipótesis

«Que el cambio climático pueda intensificar los fenómenos del Niño y la Niña es una hipótesis plausible que hay que tener en cuenta, pero ahora no se puede demostrar esta relación. Es algo que tendremos que hacer con la observación a lo largo de los años», matiza Gimeno. O, lo que es lo mismo, ningún fenómeno meteorológico intenso e aislado, como es el caso, puede achacarse al cambio climático. La relación causa efecto solo se puede verificar a lo largo de los años a través de la continuada repetición de este tipo de sucesos.

«Aunque es verdad que ya va apareciendo literatura científica que apunta hacia una intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático, todavía no hay evidencias suficientes para demostrarlo. Es pronto aún para decir lo que está pasando», corrobora el director de MeteoGalicia, Vicente Pérez. Esta relación causa efecto aún no existe, aunque Matthew England, del Climate Change Research Center de la Universidad de Nueva Gales (Australia), cree que se acabará demostrando. «Se terminará concluyendo -dijo- que al menos parte de la intensidad del monzón en Queensland puede atribuirse al cambio climático».

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