Haití intenta evitar el caos e iniciar el despegue con comicios bajo sospecha

Los sondeos hablan de una segunda vuelta, ya que ningún candidato obtendrá la mitad más uno de los votos


Redacción/la voz.

Los haitianos acuden hoy a las urnas para renovar parte del Congreso (99 escaños) y del Senado (11) del país, pero también para elegir al presidente que tendrá la misión de sacarlos del analfabetismo (50%), de la pobreza (ocupa el número 19 en la lista de la ONU) y de las consecuencias de los latigazos que lo azotan: terremotos, huracanes, inundaciones y cólera. Y que tendrá que gobernar desde una tienda de campaña en los jardines del palacio de Puerto Príncipe.

El gran dilema de la consulta presidencial, a la que concurren 18 candidatos, es si los resultados serán aceptados por los perdedores y por quienes los apoyan. O si el país derivará en una ola de violencia como en ocasiones anteriores y permanecerá en la inestabilidad crónica.

Según los sondeos, es una mujer, la ex primer dama de Haití Mirlande Manigat, la que se llevará más papeletas (36%), seguida del candidato oficial, Jude Célestin (20%), y del cantante Michel Martelly (14%), pero ninguno de ellos alcanzará el 51 % necesario para evitar una segunda vuelta electoral, y solo los dos primeros no han sacado defectos al cuestionado proceso.

Para el delfín del actual mandatario, el impopular René Préval, las cosas no pudieron ir peor en el último día de campaña, el viernes. En su currículo lucía una licenciatura en ingeniería en un centro suizo, que justo el viernes salió a desmentir que tal persona hubiese cosechado ese título en la Escuela Politécnica Federal de Lausana. Por contra, la conservadora Manigat, reputada académica respaldada por las clases medias, podría beneficiarse del voto contra el poder. Y no se cansa de repetir que «los haitianos no quieren continuismo». Entiende con pragmatismo que Haití no despegará antes de diez o 15 años.

Pero en este país desgraciadamente habituado a catástrofes, que está en el lugar 146 entre 178 términos de corrupción, según Transparency International, hasta el director del registro electoral, Philippe Augustin, dijo temer que haya «fraudes por todos lados». Sus declaraciones de que duda de que los 33.000 miembros de las oficinas de votación sean íntegros, y de que puede ser burlada la tinta indeleble de los dedos de cada votante, tampoco ayuda al proceso.

Por su parte, también Martelly advirtió de «fraudes masivos» en el escrutinio y pronosticó que los haitianos alzarán su voz con violencia. «Esta elección no será creíble», dijo.

Ya la campaña fue violenta, aunque mucho menos que otras, según el jefe de la misión de la ONU, Minustah, Edmond Mulet. Seis personas murieron en las protestas contra los cascos azules nepalíes, acusados de ser los portadores del cólera, y otras dos en choques entre seguidores de dos candidatos. También las Embajadas de EE.UU. y Alemania han advertido de que «se espera más violencia». Tanto la Minustah como la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comunidad del Caribe (Caricom) han asegurado que han hecho todo lo posible para evitar un fraude, que aún así no descartan. Admiten que la situación no es la idónea para celebrar elecciones, pero es la que hay y no se puede esperar que cambie a corto plazo, por lo que «se trata de evitar el caos».

Serán esos más de cuatro millones de haitianos habilitados para votar los que decidirán quién encabezará la reconstrucción, tratará de evitar que el cólera llegue a 300.000 ciudadanos, como se prevé que suceda, y convenza a la comunidad internacional para que agilice los desembolsos comprometidos.

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