La crisis humana acecha a Haití

El Gobierno y la ONU están desbordados por el cúmulo de adversidades que asolan al país: el terremoto, el cólera y la amenaza de un huracán a días de las elecciones


redacción/la voz.

Haití no levanta cabeza. Tras el terremoto que en enero dejó 220.00 muertos, sufre ahora una epidemia de cólera y a las puertas tiene el peligro de ser azotado por el huracán Tomás , que de momento ayer perdonó a la isla y se convirtió en depresión. Esas tres fatalidades sacan el sueño a la población y a las autoridades en ese Estado que comparte con la República Dominicana la isla La Española. A mayores, el Gobierno de René Préval y la Minustah, la misión de estabilización de la ONU, temen revueltas con motivo de las elecciones presidenciales y legislativas del día 28.

La situación no puede ser más desoladora y compleja. 1,3 millones de afectados por el seísmo sobreviven todavía bajo los ya rotos plásticos, prácticamente sin acceso a agua potable, excepto en los campamentos más próximos a la capital, Puerto Príncipe, sin letrinas, con dificultades para conseguir alimentos y con riesgos sanitarios. Y esos invernaderos convierten a sus huéspedes en especialmente vulnerables.

La escena de hoy es tan dantesca como la de hace diez meses. El puzle de escombros aún es parte del paisaje. Ya lo predijo el enviado de la Organización de Estados Americanos (OEA), el brasileño Ricardo Seitenfus, cuando en julio en la Conferencia Internacional celebrada en Lugo afirmó que para retirar los cascotes se necesitarían 200 camiones trabajando seis años.

Y pese a las cinco conferencias sobre Haití (Santo Domingo, Montreal, Nueva York, Punta Cana y Lugo) y el compromiso de la comunidad internacional de donar 11.000 millones de dólares, el dinero no fluye. Desde junio se licitaron algunas obras (carreteras y subestaciones eléctricas, entre otras), pero la inversión de momento se limitó a 500 millones de dólares y apenas se aprecia.

Quejas de Clinton

El problema es que no coinciden los compromisos de los donantes con el desembolso efectuado en el Banco Mundial. El propio Bill Clinton, enviado especial de la ONU para Haití, confesó que lo anunciado por Estados Unidos (1.300 millones) no se corresponde con lo entregado.

A esto hay que añadir que el Banco Mundial no hace público lo que recibe de cada donante.

Además, la epidemia de cólera, ya con 442 muertos desde octubre y 6.742 infectados, también perjudica la reconstrucción por los establecidos controles militares y sanitarios, y pese a los que la infección afecta ya a cinco de los diez departamentos.

También de este peligro había advertido el Gobierno cuando rogaba ayuda para realojos. El ministro de Promoción Exterior, Patrick Delatour, avisó en Lugo «del grave riesgo de epidemias, ante la falta de condiciones de salubridad en los campamentos». Sin embargo, los haitianos siguen esperando por viviendas prefabricadas. Entretanto, si la saña de un huracán se desata es fácil prever las consecuencias.

Ni el Gobierno, también mermado por el seísmo, ni la ONU tienen personal y materiales para afrontar tanta desgracia, y admiten estar desbordados para dar respuesta a todos los frentes. En el electoral, ya se especula con una previsible revuelta si los perdedores hablan de fraude. No sería nuevo, pues Préval es el primer presidente haitiano que logra cerrar una legislatura.

La preocupación crece y ya son varias las voces que se alzan para denunciar que el país más pobre de América y tan cercano al más rico se encamina hacia una crisis humana.

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