El diálogo con los talibanes marcará el décimo año de guerra en Afganistán

Karzai inaugura el consejo encargado de establecer negociaciones con los insurgentes

N. Haidary
Kabul/agencias.

La guerra en Afganistán entró ayer en su décimo año, con las fuerzas internacionales buscando una estrategia de salida y en medio de signos de negociación entre el Gobierno de Hamid Karzai y los talibanes. Ayer, el Gobierno afgano inauguró el Alto Consejo de Paz, encargado de establecer el diálogo con los insurgentes.

Nueve años después del inicio de los bombardeos sobre Afganistán, lo que debía ser una operación de persecución de los responsables del 11-S se ha convertido en una guerra empantanada y en un rompecabezas estratégico. El número de soldados de las fuerzas internacionales se ha multiplicado por diez, los afganos han votado cuatro veces para elegir a su presidente y a sus diputados, y el país se ha beneficiado de miles de millones de dólares de ayuda internacional, pero pese a todo la constatación es rotunda: en los últimos tres años la insurrección ha ganado terreno y el número de muertos alcanza un nivel récord, tanto entre las tropas extranjeras como entre los civiles afganos.

Y nunca antes fue tan ampliamente aceptada la idea de que la única solución para poner fin al conflicto pasa por la negociación con los insurgentes.

Primeras conversaciones

El comandante de las fuerzas norteamericanas e internacionales en Afganistán, David Petraeus, declaró a finales de septiembre que ciertos talibanes habían empezado a acercarse al Gobierno de Kabul y a los militares extranjeros para deponer las armas. «Son las primeras etapas. No creo que se pueda hablar de negociación, se trata de las primeras discusiones», dijo.

El miércoles, The Washington Post informó que, por vez primera, representantes de la comandancia suprema de los talibanes, dirigida por el mulá Omar, mantenían conversaciones secretas con el Gobierno. Ayer, el diario británico The Guardian detalló más al señalar que afganos y norteamericano mantuvieron contactos recientemente con insurgentes de la red Haqqani, uno de los enemigos más temidos por la OTAN por ser autor de los ataques más cruentos.

Paralelamente, Karzai ha organizado un plan de reconciliación con los talibanes que incluye la financiación de un programa dirigido a los rebeldes, «combatientes de base» que depondrían las armas a cambio de empleo y dinero. Y ayer, el presidente inauguró el Alto Consejo de la Paz. «Todas las provincias, todos los distritos, todos los pueblos esperan esfuerzos del Alto Consejo de Paz. Esfuerzos para restablecer la paz en esta tierra», declaró Karzai al abrir la reunión. El consejo, compuesto por unos 70 miembros, entre los cuales hay señores de la guerra, mujeres y miembros del Gobierno, se presenta como un espacio de negociación representativo de toda la sociedad afgana.

Su creación, a iniciativa de Karzai, fue aprobada en junio por una jirga (asamblea tribal).

A su vez, un portavoz gubernamental, Rafi Ferdous, dijo ayer que Kabul está siendo escenario de reuniones entre representantes afganos y de Pakistán, tradicional valedor del régimen talibán, para estudiar la forma de llevar a los talibanes a la mesa de diálogo. «Son una continuación de las conversaciones que ya han tenido lugar en Dubái y Maldivas», reconoció Ferdous, quien aseguró que en ellas participa también el ex embajador del régimen talibán ante Pakistán Abdul Salam Zaeef.

Osama Bin Laden, y su mano derecha, Ayman al Zawahiri, terminarán siendo capturados o muertos, aseguró el almirante estadounidense Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto. Mientras, el conflicto sigue cobrándose vidas. Ayer, un atentado suicida contra fuerzas alemanas se saldó con un soldado muerto y otros seis heridos.

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