Londres admite 38 años después que el Bloody Sunday fue injustificable

Satisfacción en las familias de los 14 católicos muertos, y malestar entre militares y unionistas

Familiares y amigos de las víctimas del domingo sangriento se manifiestan en la plaza Guildhall, de Londonderry, con los retratos de los catorce asesinados
Familiares y amigos de las víctimas del domingo sangriento se manifiestan en la plaza Guildhall, de Londonderry, con los retratos de los catorce asesinados REUTERS

Londres/la voz.

«Aquellos que fueron asesinados estaban desarmados, los [soldados] paracaidistas habían perdido el control y abrieron fuego sin aviso previo, algunas [víctimas] fueron alcanzadas cuando huían, posteriormente los militares realizaron conscientemente falsas testimonios para cubrir sus acciones». Estas son las conclusiones del informe oficial sobre la trágica matanza del Bloody Sunday (Domingo Sangriento), ocurrida en Londonderry el 30 de enero de 1972, y que ayer vio la luz tras doce años de investigación. El primer ministro británico, David Cameron, calificó el suceso de «injustificado e injustificable».

Catorce civiles católicos desarmados que se manifestaban de manera pacífica por los derechos civiles, siete de ellos aún adolescentes, resultaron muertos por los disparos de los soldados del Primer Batallón de Paracaidistas en el barrio católico de Bogside, tras ser prohibida la marcha por el centro de Londonderry (Derry para los católicos). Nadie provocó a los soldados, nadie les disparó ni fueron amenazados con armas, a pesar de que Martin McGuinness, actual viceprimer ministro norirlandés, se encontraba presente y armado según la investigación, ya que pertenecía a la ejecutiva del IRA Provisional.

Larga y costosa investigación

Tal como sentencia esta larga y costosa investigación (240 millones de euros), el primer disparo procedió del arma de un soldado británico. De hecho, un militar, al que siempre se le ha calificado como «soldado F» podía ser responsable de la muerte de entre cuatro y seis personas.

«Lo que sucedió en el Domingo Sangriento reforzó al IRA Provisional, incrementó el resentimiento y la hostilidad de los nacionalistas hacia el Ejército y exacerbó el conflicto durante los siguientes años, el Domingo Sangriento fue una catástrofe para todos los norirlandeses», apunta en sus conclusiones lord Mark Saville de Newdigate, el ex juez del Supremo encargado del caso.

La intervención de Cameron ante la Cámara de los Comunes fue seguida en directo por miles de personas a través de pantallas gigantes colocadas en el Ayuntamiento de Londonderry. Entre ellas se encontraban los familiares de las víctimas de la matanza. Cuando Cameron dijo que «lo que ocurrió nunca debería haber ocurrido», los norirlandeses rompieron en aplausos y lágrimas. Lo mismo sucedió cuando declaró que «a pesar de ser un gran entusiasta de nuestro Ejército, no se puede defender al Ejército defendiendo lo indefendible.»

Entre los familiares de las víctimas estaba Mickey McKinney, hermano de uno de los asesinados aquella tarde, quien dijo desde Derry: «Hoy la espera ha llegado a su fin». Tony Doherty, otro familiar, manifestó que «los británicos y los irlandeses necesitábamos saber la verdad, ahora la conoce todo el mundo». Militares y unionistas reaccionaron con malestar por las conclusiones de la investigación. Un abogado que representa a los soldados, Stephen Pollard, acusaba a lord Saville de «seleccionar evidencias que apoyan sus conclusiones e ignorando aquellas que las contradicen».

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