La crisis económica enfría las relaciones del eje franco-alemán

El presidente galo critica el plan germano de bajar sueldos para abaratar costes y Berlín le dice que haga lo mismo


parís/la voz.

Con una carta común al presidente de la Comisión Europea, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel intentaban poner punto final a los rumores de divorcio que los persiguen desde sus discrepancias sobre la ayuda a Grecia. El aplazamiento de una semana de la cumbre bilateral prevista para el pasado lunes ha sacado a la luz los profundos achaques que la crisis está provocando en el «motor de Europa», el eje París-Berlín.

A una semana de la cumbre de Bruselas, la pelea franco-alemana sobre el gobierno económico de la Unión suscita tensiones crecientes en el conjunto de los socios, hasta el punto de que el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, sacó el tema durante el almuerzo del jueves con la canciller. Merkel se opone frontalmente a la idea del presidente francés de institucionalizar las reuniones de los dieciséis países de la zona euro, quiere que la concertación y la vigilancia se extiendan al conjunto de los Veintisiete.

Merkel y Sarkozy evitan cuidadosamente el enfrentamiento en público. Comparecer juntos ante la prensa el día que la primera anunciaba su duro plan de austeridad no era el mejor escenario para el presidente galo, que no ha concretado aún su programa de ajuste frente a la crisis.

Frente a lo que la prensa gala ha calificado de plantón de la canciller, Sarkozy ha alardeado de haber sido él quien propuso el aplazamiento de la reunión prevista para el lunes en Berlín. Fuentes del Elíseo que cita Le Figaro reconocen que el trabajo preparatorio del encuentro sufría un considerable retraso.

Nada que decirse

La carta conjunta enviada a José Manuel Durão Barroso, consagrada a la regulación de los productos financieros, no hace más que alimentar los rumores de discrepancias profundas. En privado, miembros del Gobierno francés han reconocido que la cita del lunes era inútil porque Merkel y Sarkozy no tenían nada nuevo que decirse.

«Todas las decisiones importantes las hemos preparado y respaldado juntos», asegura Merkel en una entrevista que ayer publicó el Frankfurter Allgemeinem Zeitung . «Trabajamos en estrecha confianza», afirma su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble. «Estamos de acuerdo y juntos», sentencia la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, que reconoce sin embargo que «es cierto que hay debate, discusiones sobre el fondo, la mecánica o el calendario, pero al final siempre llegamos a la misma posición».

Discrepancias

A la amenaza de Sarkozy de sacar a Francia del euro cuando Merkel propuso la salida de Grecia siguieron las discrepancias sobre el modelo a seguir para superar la crisis. A París, que ve como punto de partida la incentivación del mercado interno, no le vale la vía alemana, basada en el incremento de las exportaciones. Las críticas francesas al abaratamiento de costes a base de reducir salarios provocaron hace días una reacción menos amistosa del ministro de Economía alemán. Rainer Brüderle invitó a los franceses a hacer lo mismo, porque «cuando se quiere ganar un maratón no se resuelve el problema metiendo plomo en los zapatos del vencedor sino entrenándose para mejorar».

Los alemanes están rodeados: Strauss-Kahn al frente del FMI, Pascal Lamy dirigiendo la Organización Mundial de Comercio y Jean-Claude Trichet en el Banco Central Europeo. Merkel quiere que al menos este último organismo pase a control alemán.

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