Miles de personas se presentan como testigos de los horrores del Jemer Rojo

La masiva respuesta amenaza con colapsar el proceso y alargar las vistas durante años, si se respeta el compromiso acordado por Camboya y la ONU de garantizar la participación de los supervivientes.


Más de 4.000 personas se han presentado como testigos de las atrocidades que cometió el Jemer Rojo en Camboya, dispuestos a declarar en el tribunal internacional que auspiciado por Naciones Unidas juzga el genocidio camboyano.

La masiva respuesta amenaza con colapsar el proceso y alargar las vistas durante años, si se respeta el compromiso acordado por Camboya y la ONU de garantizar la participación de los supervivientes.

El juicio del torturador jefe del Jemer Rojo, Kaing Guek Eav, alias «Duch», que comenzó hace un año y ha quedado visto para sentencia, vio pasar por el estrado a 90 víctimas y hubo cuatro acusaciones particulares.

Los siguientes jemeres rojos en sentarse en el banquillo de los acusados serán Nuon Chea, el ideólogo de la organización; Ieng Sary, ex ministro de Asuntos Exteriores; Khieu Samphan, ex jefe de Estado; e Ieng Thiriht, ex ministra de Asuntos Sociales y esposa del segundo.

Cerca de dos millones de camboyanos murieron de hambruna, enfermedades, trabajos forzados y purgas políticas bajo el régimen del Jemer Rojo, entre 1975 y 1979.

La fiscalía ha seleccionado hasta la fecha 250 testigos de las 4.000 solicitudes recibidas para los siguientes juicios y los magistrados aprobaron la formación de un único grupo que represente a toda la acusación particular y que, para simplificar, dos abogados lleven el peso del juicio y los demás queden en segundo plano.

«Tenemos que agilizar el proceso. Los acusados y algunas víctimas son ya muy mayores», señaló la directora de la Sección de Apoyo a las Víctimas del tribunal, Helen Jarvis, para justificar unas medidas que no han sido bien acogidas por todos.

«No pudimos intervenir en la decisión ni la elección de los dos abogados. Tampoco queda claro qué pasa si hay algún desacuerdo entre nosotros y los dos letrados que nos impondrán», apuntó Silke Studzinsky, jurista de la acusación particular.

Studzinsky denunció que «desde el comienzo han ido poniendo trabas legales para limitar la participación de las víctimas».

Durante el juicio de Duch hubo discrepancias entre los representantes legales de las víctimas y hasta se produjo una huelga de testigos, que se negaron a declarar, a causa de los desencuentros entre sus letrados y el panel de magistrados (tres camboyanos y dos extranjeros).

La participación de las víctimas como acusación particular ha originado otro embrollo todavía no resuelto: la reparación.

«Será una restitución moral y colectiva, no personal. Nadie se llevará dinero en compensación. Pero aún no se ha decidido cómo se hará», explicó Jarvis.

«Cada víctima es un caso distinto, con una situación e intereses diferentes. No todo el mundo acepta el perdón», argumentó Studzinsky.

No obstante la polémica, muchas víctimas sólo anhelan que se haga justicia.

«Sólo quiero que les juzguen. Muchos murieron y aún no han aceptado su culpa», declaró Mom Chhou, quien pasó tres años de trabajos forzados en la construcción de una presa y perdió a tres familiares cuando gobernaron los jemeres rojos.

«Todo el mundo está de acuerdo que uno de los principales logros en el primer juicio fue que se escucharon las voces de veintidós víctimas. Esto se mantendrá en el segundo proceso», señaló Jarvis.

La sentencia contra Duch se hará pública, «en el mejor de los escenarios, a finales de abril», aseguraron a Efe fuentes del tribunal internacional.

Después comenzará el juicio de Nuon Chea, si antes se dirimen 20 recursos.

El tiempo apremia, porque, el 19 de septiembre próximo se cumplirán tres años desde el arresto de Nuon Chea, el período máximo de prisión provisional previsto por la ley.

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