La celebración de un referendo sobre el Tratado de Lisboa divide a los «tories»

Praga niega que el presidente checo recibiese una petición de Cameron para dilatar la ratificación


El líder conservador británico, David Cameron, había soñado con un congreso nacional de su partido que fuera todo lo opuesto al que celebraron la pasada semana los laboristas, el de una familia unida en todos los frentes, positiva, preparada y lista para tomar las riendas del Gobierno en tan solo siete meses. No ha sido así, y ya desde el domingo afloraron las graves diferencia que viven los tories respecto a Europa, en concreto si celebrar o no un referendo sobre el Tratado de Lisboa, tras el sí de Irlanda.

La división de pareceres es tan profunda que ayer Cameron se vio obligado a dirigirse a los delegados reunidos en Manchester para rechazar que el partido este enfrentado por Europa. Hasta el momento ha mantenido que, de ganar los comicios en mayo del 2010, convocará un referendo sobre el Tratado, pero solo si no está ratificado en esa fecha por todos los miembros de la UE. Lo que se ha negado siempre a responder es qué hará si es aprobado por los Veintisiete.

El primer disparo lo lanzó el alcalde de Londres, el tory Boris Johnson, que indicó que los británicos deben tener voz sobre ciertos aspectos recogidos en el Tratado de Lisboa. «Creo que debe haber una consulta lo antes posible, incluso si el Tratado es ratificado, especialmente si el ex premier Tony Blair es candidato a presidente de Europa», explicó Johnson, aunque agregó que una ratificación por la República Checa y Polonia cambiaría las cosas.

Pero para entender el grado de división sobre Europa en el partido conservador, basta ver en qué términos se expresaron tres oradores en la jornada de ayer del congreso. El encargado de Exteriores del partido, William Hague, indicó que los tories tenían razón en pedir un referendo sobre el texto; sir Malcom Rifkind, ex ministro de Exteriores, dijo que «no tiene sentido celebrar una consulta posratificación», y el representante del ala liberal del partido, Kenneth Clarke, dijo que está encantado con la redacción del Tratado de Lisboa.

Petición a Praga

Durante todo el día corrieron rumores sobre una posible petición de David Cameron al presidente checo, Vaclav Klaus, para que dilate al máximo la ratificación del Tratado. Ladislav Jakl, secretario personal de Klaus, afirmó, sin embargo, que «no hubo ninguna llamada o petición al presidente para que actúe o no actúe». Jakl subrayó que su país no está dispuesto a recibir presiones de nadie. «Ahora le toca al Tribunal Constitucional y esperemos que afronte la cuestión con la misma responsabilidad que el alemán, que tardó nueve meses», afirmó.

Los polacos tampoco quieren hablar de plazos. El presidente de Polonia, el conservador Lech Kaczynski, no tiene prisa por ratificar el texto, según aseguró ayer el jefe de su oficina, Wladyslaw Stasiak, que rehusó dar una fecha concreta para la firma del documento, señalando solo que será pronto. Pese a la arrogancia polaca, muchos creen que Varsovia -es el que más ayudas recibe y su primer ministro quiere ratificar el texto- pasará pronto por el aro de Bruselas. Otra tema es Praga.

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