Brown quiere una guerra barata en Afganistán y lo que obtiene son féretros

Los militares, enfurecidos por no contar con medios adecuados para desplazarse


El pintoresco pueblo de Wootton Bassett, en el condado de Wiltshire, muy cerca de la base aérea de Lyneham, está acostumbrado a recibir los féretros de los soldados británicos que mueren combatiendo en el extranjero. Pero lo que se vivió el pasado 14 de julio fue algo más que un espontáneo gesto de respeto por la repatriación de los cuerpos de ocho soldados muertos en Afganistán. Miles de personas se echaron a las calles para saludar la caravana fúnebre, con un respeto no exento de dolor, y por encima de todo con furor por un Gobierno que pretende jugar a policía internacional de la manera más barata posible, lo que ha puesto en evidente peligro la vida de sus soldados.

El resultado de esa 'opción barata' adoptada por el Gobierno Brown en Afganistán es la cifra de quince militares muertos en dos semanas (ocho en tan solo 24 horas), un índice de óbitos entre los uniformados británicos que no se conocía desde la guerra de Las Malvinas, en 1982.

El furor de los británicos por la manera en la que Brown está planteando la guerra de Afganistán era comprensible cuando el mismo día en el que llegaban los ocho féretros a la base de la RAF, se hacía público que la jefatura militar había pedido hacía unas semanas un refuerzo considerable de hombres en Afganistán.

La opción más económica

Los mandos militares consideraban que la llegada de otros 2.000 soldados a la provincia de Helmand, donde se libra una dura lucha con los talibanes, y que colocaría la cifra total de británicos desplegados en unos 10.300, ayudaría a contener la fuerza talibán.

Los militares plantearon cuatro opciones a Brown para poder contener la situación en Afganistán, y el premier se inclinó por la más barata: enviar tan solo 700 soldados más y únicamente de manera temporal hasta las presidenciales de agosto, lo que según los militares coloca una enorme presión sobre las fuerzas ya desplegadas en el país asiático.

A partir de este momento comenzó a trascender a las páginas de internet de contenido militar la verdadera situación de las tropas británicas en el extranjero. No solo se ha sabido que, debido a la falta de reparación y piezas de recambio, colisionaron dos helicópteros Sea King en el Golfo en el 2003, un Hércules se estrelló en Irak en el 2005 y un Nimrod explotó en Afganistán en el 2006 matando a 14 soldados. Además, se ha sabido esta semana que las tropas británicas no cuentan con helicópteros suficientes para sus desplazamientos, por lo que estos los deben de realizar por carretera, con el consiguiente riesgo.

De los quince soldados muertos en las últimas dos semanas, doce lo fueron por bombas colocadas en los lados de las carreteras, táctica que ya utilizó el IRA en el Ulster y que obligó a los militares británicos a prohibir el traslado por carretera, utilizándose desde entonces helicópteros.

A pesar de que Brown ha pasado la semana negando que exista una falta de helicópteros en Afganistán, un Comité de Defensa de los Comunes concluyó ayer que faltan aparatos, lo que obliga al transporte de tropas por carretera. Los 9.000 soldados británicos en Afganistán cuentan con tan solo 23 helicópteros, 10 Chinooks, cinco Sea King y 8 Apache, la mayoría demasiado viejos para operaciones en combate real.

Los militares están enfurecidos con la política 'de rebajas' de Brown en Afganistán y así lo demostraba el general Richard Dannatt, jefe del Estado Mayor británico, que cuando esta semana visitó a las tropas en Afganistán lo hizo utilizando un Black Hawk norteamericano. «Si me desplazo en un helicóptero norteamericano es porque no he conseguido uno británico», indicó.

Esta bofetada del general Danatt demuestra la enrarecida relación entre Downing Street y la cúpula militar, trifulca a la que se ha sumado la oposición.

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