El acoso xenófobo logra echar de Irlanda del Norte a los cien rumanos que vivían en Belfast

La iglesia en la que se refugiaron fue atacada a pedradas la noche del lunes


Una vez más la intransigencia se ha impuesto a la razón en Irlanda del Norte. Si durante treinta años el sectarismo dividió y enfrentó a una misma comunidad, ahora, con la paz y excusándose en la crisis económica, ha reaparecido de nuevo, haciendo objeto de su violencia a las comunidades inmigrantes que viven en el Ulster. Ayer, tras los recientes ataques de los que fueron objeto y que les obligaron a encerrarse en una Iglesia en busca de amparo, veinte familias rumanas, unos cien hombres, mujeres y niños, decidían regresar a su país. Los xenófobos volvían a imponer la ley del miedo.

De hecho, 25 ya han abandonado Irlanda del Norte, 75 lo harán en las próximas horas y tan solo unos 17 de los que fueron atacados en sus viviendas por grupos de exaltados, han decidido permanecer en la provincia británica.

Margaret Ritchie, ministra norirlandesa para el desarrollo social, anunció la decisión de los inmigrantes rumanos de regresar a su país en una sesión en la Asamblea norirlandesa en Stormont. Ritchie aprovechó el anuncio para llamar la atención sobre el suceso. «No somos una sociedad racista -dijo la ministra- pero este suceso nos obliga a reflexionar seriamente sobre lo que somos. Es urgente y obligado construir una sociedad en la que compartamos, y debe de haber un total respeto por las diferencias políticas, religiosas y étnicas».

Iglesia atacada

Pero la labor se presenta difícil. Solo unas pocas horas antes del anuncio de la salida de los rumanos del Ulster, la iglesia en la que se refugiaron la pasada semana, fue atacada con piedras durante la noche. La iglesia, en el sur de Belfast, quedó con los cristales de las ventanas rotos. Para el pastor Malcolm Morgan, el ataque era la venganza demencial, cobarde, por haber dado amparo a un grupo de personas, entre las que figuraban mujeres embarazadas, 49 niños y un bebé de días.

El viceministro principal del Ulster, Martin McGuiness, calificó el ataque como «un error total, absoluto, vergonzoso e imperdonable» y prometió más arrestos en los próximos días. De momento la policía ha efectuado varias detenciones con relación a los ataques de la semana pasada. Se trata de tres menores de 15, 16 y 17 años, y un joven de 21 años. Ayer se produjeron otras tres detenciones relacionadas el ataque a la iglesia. «Hay todavía muchos fanáticos sectarios en nuestra sociedad. Lo que necesitamos es demostrar la unión de todas las instituciones y de todos los políticos para dar ejemplo», agregó el número dos del Sinn Féin.

Uno de los aspectos que más ha chocado a los políticos norirlandeses de los recientes sucesos racistas es que hayan calado, especialmente entre los jóvenes, los eslóganes de grupos neonazis como Combat 18. Las pintadas a favor de este grupo se pueden ver compartiendo lugar con las ya deslavadas de apoyo al IRA o a los grupos paramilitares lealistas.

El jefe de la policía del Ulster (PSNI), Hugh Orde, quiso subrayar ayer que las fuerzas del orden han hecho todo lo posible para reforzar la seguridad de los rumanos, ya que la semana pasada se criticó una cierta permisividad de la policía con los atacantes. Algunas fuentes indicaron que la policía tardó 45 minutos en llegar a las viviendas de los rumanos que estaban siendo atacadas.

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