Investigadores galos se quejan de que no reciben autopsias de las víctimas del avión

La Oficina de Investigación francesa considera que los informes son importantes para saber qué ocurrió


La Oficina de Investigación y Análisis (BEA) se considera «próxima a su objetivo» de aclarar por qué el vuelo 447 de Air France se estrelló en el mar hace diecisiete días. Aún sin cajas negras y sin los resultados de las primeras autopsias realizadas en Brasil, «hay menos incertidumbre y un poco más de optimismo», según su director.

Paul-Louis Arslanian se niega, sin embargo, a hacer conjeturas. Sus datos objetivos indican que son más de 400 las piezas rescatadas del avión y que a estudiarlas en un hangar de Recife se dedica un equipo de expertos coordinado con París. Los técnicos cuentan con la colaboración brasileña, cosa que no ocurre con los forenses.

La BEA, única responsable de esclarecer el siniestro que costó la vida a 228 personas cuando viajaban de Río de Janeiro a París, envió a Brasil a uno de sus médicos investigadores, un especialista en examinar a las víctimas de catástrofes aéreas, consultado incluso por los estadounidenses en el accidente que sufrió un avión de la TWA en 1996, pero no le permitieron participar en los exámenes de los cuerpos. Hasta ahora se han rescatado cincuenta.

Carrera contra reloj

«No estoy contento y espero que finalmente haya una explicación», aseguró Arslanian tras reconocer que las autopsias son «muy importantes para determinar lo que ocurrió» en la madrugada del 1 de junio cuando el Airbus 330 cruzaba el Atlántico. A falta de información de las autoridades judiciales, el director de la BEA se negó a comentar las primeras conclusiones publicadas por la prensa brasileña, que descartan la explosión ante la ausencia de quemaduras en los cadáveres.

La localización de las cajas negras se presenta como hipotética, incluso si los instrumentos de detección acústica pueden llegar a los seis mil metros de profundidad. Se buscan en una zona de diecisiete mil kilómetros cuadrados y las balizas dejarán de emitir su señal de localización en menos de dos semanas. A partir del 1 de julio, «la probabilidad de encontrarlas será mínima». Además, aunque fueran detectadas por los sonares de los marines estadounidenses o por el submarino nuclear Émeraude, «nada indica que todavía estén unidas a los grabadores de vuelo».

«La superficie es inmensa, el tiempo no es bueno, hay corrientes, y las piezas y los cuerpos no están necesariamente en la superficie».

El director de la investigación reconoce que «hay una evolución de los restos hacia el norte, pero eso no quiere decir que las corrientes no puedan cambiar» en un fondo tan accidentado como la cordillera de los Andes. Los satélites «no han permitido identificar la zona de choque». Aunque la BEA no tiene de momento «elementos nuevos que permitan saber lo ocurrido», mantiene su intención de hacer público un primer informe a finales de mes.

Arslanian se reserva su opinión sobre la decisión de Air France de cambiar todas las sondas Pitot de sus Airbus 330 y 340, que ofrecieron lecturas de velocidad incoherentes en los mensajes automáticos que el ordenador de a bordo emitió minutos antes de la desaparición del avión.

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