Bush y ZP: historia de un desencuentro

INTERNACIONAL

Las diplomacias española y de EE.?UU han vivido de espaldas desde el 2004

06 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El debilitamiento de las relaciones hispanoestadounidenses tiene su punto de partida en la reunión de las Azores, en la que el Gobierno de Aznar mete de lleno a España en la guerra de Irak a pesar del clamor popular contrario a la intervención. Este clima de opinión es secundado por el entonces principal grupo de la oposición, el PSOE, que contemplará en su programa electoral la salida de Irak, al considerar el ataque una invasión no avalada por la ONU. El líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero hará público su malestar al permanecer sentado al paso de la bandera de Estados Unidos en el desfile del Día de la Hispanidad de octubre del 2003.

Al poco de tomar posesión como presidente del Gobierno, Zapatero anuncia la salida de Irak, una retirada que irrita sobremanera al presidente George W. Bush y que será el desencadenante del distanciamiento durante años a ambas diplomacias. La propia vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega criticó al secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld por unas declaraciones en las que aseguraba que la salida española de Irak derivaría en más atentados en territorio hispano.

El apoyo gubernamental español al candidato demócrata a las presidenciales norteamericanas, John Kerry, que competía frente a Bush, debilitó aún más las relaciones.

Política antiterrorista

Otra desavenencia surge en la metodología para combatir el terrorismo internacional. Tanto EE.?UU. como España sufrieron su azote, pero el modo de afrontarlo difería. Si para los norteamericanos primaba por encima de todo la seguridad del país, desde Madrid se hacía una llamada al entendimiento: nace la idea de la Alianza de las Civilizaciones, un proyecto español presentado ante la ONU y rubricado también por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, que pretende acercar posturas entre el mundo musulmán y el occidental para encontrar, desde el respeto mutuo, vías de progreso.

Iberoamérica

La relación con Iberoamérica ha sido también motivo de confrontación. El tema de Cuba ha sido recurrente, con la constante demanda de fin del embargo por parte de Madrid y la negativa estadounidense. Mientras los norteamericanos mimaban a la oposición, España reclamaba, sin excesiva presión, medidas aperturistas. En mayo del 2007, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, muestra públicamente su desacuerdo por una reunión de la diplomacia hispana con representantes del régimen castrista. «No veo cómo la postura española puede ayudar en el avance de la democracia en la isla», declara Rice.

Las discrepancias se extienden a las relaciones con Hugo Chávez. Las maniobras de Washington para aislar al populista presidente venezolano no tuvieron calado en el Gobierno español. La tensión diplomática se disparó tras un viaje oficial de Zapatero a Latinoamérica en el 2005, periplo que arrojaría numerosos acuerdos comerciales y el encargo de construcción de barcos y aviones militares, lo que generaría en Estados Unidos una honda preocupación.

Los desfiles

Si en el 2003 Zapatero había ofendido la sensibilidad de Bush al no levantarse al paso de la bandera estadounidense, al año siguiente, el Gobierno español decide no invitar a las tropas de EE.?UU. y excluye su bandera del desfile militar de la Hispanidad. Argyros, embajador norteamericano, responde indignado con su ausencia al mismo acto. La exasperación del embajador aumenta con las explicaciones del ministro de Defensa, José Bono, ante la afrenta. Este dice que «aquí no nos ponemos de rodillas, somos tan soberanos, aunque seamos más pequeños y menos poderosos, como los Estados Unidos». El contencioso de símbolos remata en el desfile del 2006, tras tres años de tensión, con la vuelta de la enseña norteamericana.

Diálogo de mínimos

La distancia entre Madrid y Washington es especialmente visible en la cumbre sobre el cambio climático celebrada en la ONU en septiembre del 2007. En la reunión ambos presidentes se cruzan casi sin querer produciéndose el diálogo de mínimos que aquí se reproduce.

-«Hola, ¿cómo está?», dice Bush

-«Muy bien», responde Zapatero

-«Me alegro de verle de nuevo» zanja Bush.

Kosovo molesta a Obama

La llegada al poder del demócrata Barack Obama supone una bocanada de aire fresco para el Gobierno Zapatero. La animadversión a las políticas de Bush, que llegó a poner en jaque en más de una ocasión a la diplomacia española, da paso a un entendimiento. La sintonía política y los cruces de alabanzas y llamadas mutuas simbolizan la nueva era. Pero a pocos días de la cumbre del G-20 en Londres, la ministra de Defensa, Carme Chacón, anuncia la pronta retirada de las tropas españolas desplegadas en Kosovo. La Casa Blanca muestra su sorpresa y «profunda decepción». La herida amenazó la nueva entente. Para evitar una hemorragia, Zapatero cruza el Atlántico y se reúne con el vicepresidente norteamericano, Joe Biden. La buena sintonía se restablece. Prueba del retorno a la buena senda es la reunión bilateral mantenida ayer.