Las sirenas volvieron a sonar en Belgrado diez años después

Serbia recuerda a los muertos en los ataques de la OTAN y Kosovo celebra su «libertad»


Las sirenas antiaéreas de Belgrado comenzaron a sonar a las ocho de la tarde del 24 de marzo de 1999. Era el inicio de la primera guerra de la OTAN contra un Estado soberano que, además, no contaba con un mandato específico de la ONU. Era también la primera vez que aviones españoles participaban en un ataque aliado. Después de 78 días de bombardeos y 3.500 muertos -2.500 de ellos civiles-, la Alianza Atlántica logró su objetivo: poner fin al dominio serbio de Kosovo.

La ofensiva en el polvorín de los Balcanes se desencadenó tras el pulso que la comunidad internacional echó al régimen de Slobodan Milosevic en la conferencia en el castillo francés de Rambouillet, harta de la represión contra los civiles albaneses de Kosovo. En sus mentes aún estaban presente los reproches por su tardía intervención en sofocar la masacre cometida unos años antes en Bosnia.

Después de amagar varias veces con lanzar un ataque contra Yugoslavia, Rambouillet era la última oportunidad para Milosevic, y no la aprovechó. A ello ayudó el interés de la Administración Clinton de presionarlo sin ofrecerle una salida. La noche del 23 de marzo, el español Javier Solana, al mando político de la OTAN, dio la orden de ataque al jefe militar, el general estadounidense Wesley Clark.

A los errores de los misiles aliados que causaron numerosas víctimas civiles se unió la tragedia humana de un millón de hombres, mujeres y niños obligados a abandonar su tierra.

Diez años después, las sirenas volvieron a sonar en la ex capital yugoslava en memoria de los fallecidos. En Rusia, vinculada como nación eslava a Serbia, sus dirigentes reiteraron la condena que en 1999 lanzaron nada más caer las primeras bombas por el «acto de agresión» contra un Estado soberano.

Pósteres de Clinton

En Pristina, un gran póster con el rostro de Bill Clinton conmemoraba la guerra que le abrió nueve años después las puertas a su independencia, mientras sus líderes se deshacían en elogios a sus salvadores. «El pueblo de Kosovo siempre estará agradecido a EE.?UU., a los miembros de la UE y a otros estados miembros de la OTAN en el mundo que apoyaron la intervención y la guerra justa por la libertad», señaló en un comunicado Hashim Thaçi, primer ministro y ex jefe de la UCK, la guerrilla que luchó contra el Ejército.

A pesar del tiempo transcurrido, el sentimiento antioccidental en Serbia sigue siendo muy fuerte, pese a su transición democrática y su apertura a Europa (pensando en entrar en la Unión Europea, no en la OTAN).

El país no olvidará aquellos «días trágicos» de hace diez años, señaló el primer ministro Mirko Cvetkovic, zanjando que Serbia jamás reconocerá la independencia «ilegal» de su antigua provincia.

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