Día claro sobre Gaza, nublado en el resto del mundo

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Israel decidió su violento bombardeo sobre Gaza hace unas semanas, tras la publicarse un sondeo preelectoral

28 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace unas semanas, en Israel, un sondeo anunciaba un empate técnico entre el actual Gobierno de derecha y el partido opositor Likud, también de derecha. La decisión de atacar Gaza se tomó por esas fechas. El día concreto lo eligió el servicio meteorológico militar: ayer era el primer día claro sobre Gaza en algún tiempo. En cuanto a los planes, se hicieron con mucha antelación, antes del fin de la tregua decretada por Hamás y, como reconocía ayer un analista militar en el diario israelí Haaretz , esos planes «no tuvieron en cuenta la posibilidad de herir o matar a civiles». Después de todo, lo único que tiene de quirúrgico cualquier bombardeo es que manda a mucha gente al quirófano.

No podría ser de otro modo. Los miembros de Hamás no residen en cuarteles, y en Gaza se amontonan millón y medio de personas en la misma superficie del concello lugués de Vilalba. Lo que atacaba ayer Israel eran sobre todo comisarías de policía, no porque los policías estén implicados en actos de violencia (de hecho, muchos muertos son policías de tráfico) sino por la simple razón de que son edificios reconocibles. Como a su vez están en las zonas más pobladas, eso explica los niños heridos y muertos que se ven en las imágenes.

Aunque Israel sabe que no sufrirá ninguna represalia diplomática, una violencia tan desproporcionada requiere una racionalización. En este caso es que los bombardeos son la respuesta al lanzamiento de cohetes Kassam contra Israel, obra de Hamás, que rechaza el derecho de Israel a existir casi tanto como Israel rechaza el derecho a existir de Palestina.

Mala argumentación

Es una argumentación que se sujeta mal. Los Kassam son artefactos caseros con una pequeña carga explosiva y un radio de acción muy limitado. Han causado muertes, pero ninguna desde que Hamás puso fin a su tregua hace una semana. La prueba del nueve la ofrece Cisjordania, donde los palestinos no lanzan cohetes y tienen líderes que colaboran en todo con Israel, lo cual, sin embargo, no los libra de bloqueos, ataques y confiscaciones de tierras, como la reciente de Hebrón. Israel, en el fondo, no sabe lo que quiere de los palestinos, porque no quiere nada. Quiere que no estén ahí. Pero no pueden evitarlo: son de ahí.

Israel ocupó Gaza en una guerra ofensiva veinte años antes del primer acto de violencia de Hamás y treinta antes del primer cohete Kassam. La causa-efecto no favorece la tesis israelí. Tampoco las leyes internacionales, por lo que puedan valer. La legítima defensa no es un concepto relativo, está perfectamente delimitada en Derecho Internacional y sería como mucho Gaza, que sufre un bloqueo permanente, y no Israel, potencia ocupante desde 1967, la que podría reclamarla, y solo si se ajusta al derecho de la guerra, que ningún lado respeta.

¿Las consecuencias de todo esto? Son fáciles de predecir. El número de muertos aumentará considerablemente, teniendo en cuenta que los hospitales de Gaza han sido previamente desabastecidos por un bloqueo en el que ha colaborado la Unión Europea. En Israel, Zipi Livni tiene más fácil ganar las próximas elecciones. La ONU pedirá un cese de hostilidades a ambas partes, pero no incluirá el fin del embargo de medicinas, comida y combustible a Gaza. En Cisjordania, Al Fatah pasará apuros por haberse dejado fotografiar con los israelíes. En Gaza, Hamás saldrá fortalecida. No es la primera vez, no será la última. Suma y sigue.