Obama se siente protegido, pese a la inquietud por su seguridad

Unas 10.000 personas desafiaron la lluvia y las bajas tempraturas para ver al senador en su mitin en Pensilvania


Barack Obama se siente seguro y no teme por su vida. «Tengo conmigo los mejores tipos del mundo: el servicio secreto», respondió ayer cuando le preguntaron si le preocupaba su seguridad tras desbaratarse un complot de dos neonazis que declararon querer matarle. El aspirante demócrata subrayó que lo importante es cómo este tipo de «grupos de odio» han quedado al margen de la campaña. «Esto no es lo que es América. No es el futuro que queremos», señaló.

Los analistas explican que la parquedad de Obama tiene que ver con no dramatizar el incidente de forma innecesaria incitando a posibles imitadores. Sin embargo, el nuevo plan abortado volvió a revivir el tema de su seguridad a una semana de las elecciones. Un asunto al que no se ha dado mucho vuelo durante la campaña en aras de lo políticamente correcto pero que, en el país de las teorías de la conspiración, está en la mente de muchos. ¿Por qué? Pues porque Obama es negro.

La protección

El senador por Illinois fue el primero en aceptar la protección del Servicio Secreto de todos los candidatos que se presentaron -más de una docena- a las primarias de ambos partidos, a comienzos del 2007, una señal de que sí existía en su entorno alguna preocupación en este tema. Presentado como la voz de la esperanza y del cambio, Obama ha sido desde el comienzo identificado de alguna manera con figuras como Martin Luther King o John Fitzgerald Kennedy, ambos asesinados en los años sesenta.

Por ello, el color de su piel y su seguridad siempre han estado presente. Todavía resuena la respuesta que dio su mujer Michelle el año pasado cuando en una entrevista televisiva, sentada junto a Obama, le preguntaron si temía por su integridad. «Sí, temo por su vida cuando, como hombre negro, va a comprar leche a la tienda de la esquina».

Una respuesta que le costó fuertes críticas y sirvió para que sus adversarios la presentaran como «la típica mujer negra enfadada» con los blancos.

Hasta el momento, y aunque ni el servicio secreto ni la campaña del demócrata se pronuncian con detalle sobre cuestiones de seguridad, se habrían recibido varios centenares de amenazas contra él, aunque apenas una docena han sido investigadas y tomadas en serio, a pesar de tener casi la certeza de que no van a llegar a nada, como el último plan abortado.

Tras los arrestos de los neonazis Daniel Cowart y Paul Schlesselman en Tennessee, las autoridades no han reforzado la seguridad en torno al candidato. En parte, porque consideran tomadas todas las medidas. En conjunto tienen un coste de 45.000 dólares al día. Se traducen en que todo el que entra a sus mítines pasa por un detector de metales. Los perros olfatean el equipo de la prensa en busca de explosivos. Una docena de agentes con rifles se aposta en las azoteas cercanas a sus mítines al descubierto sin quitar el ojo de la mirilla mientras los helicópteros peinan los alrededores.

«En estos momentos no parece que haya ningún plan de asesinato», tranquilizó ayer el portavoz del servicio secreto, Eric Zahren. «Esta por ver si [los dos detenidos] tenían la capacidad para llevar a cabo o no el ataque».

Tampoco los medios han hecho del asunto una gran noticia. Diarios como The New York Times ni siquiera la publicaron en portada, dándole poco espacio en sus páginas interiores. Solo algunos tabloides sensacionalistas, como el New York Post , le dedicaron su primera plana.

Mitin en Pensilvania

Mientras, Obama hizo campaña en Pensilvania, uno de los estados considerados claves para inclinar la balanza el 4 de noviembre. Mientras que McCain, en el mismo estado, tuvo que cancelar un evento por las malas condiciones climatológicas, casi 10.000 entusiastas seguidores del afroamericano desafiaron a la lluvia glacial y al viento para asistir a uno de sus mítines. «Esta es mucha gente teniendo en cuenta el clima», dijo. «Si vemos esta clase de dedicación el día de las elecciones, no hay manera de que no traigamos el cambio a Estados Unidos», señaló.

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