El conflicto pone a Rusia y a Occidente al borde de una nueva guerra fría


La guerra en Osetia del Sur y la ampliación de los bombardeos rusos a otras regiones de Georgia, mucho más allá de los límites del conflicto separatista oseta, han puesto a Rusia y a Occidente al borde de una nueva guerra fría, para la que Moscú dice hallarse preparada.

Estados Unidos ha calificado de «inaceptable» y «peligrosa» la extensión de las acciones armadas por Rusia fuera de la zona del conflicto separatista y ha acusado al Kremlin de oponerse a un alto el fuego debido a que su objetivo es desalojar del poder al presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili.

El embajador estadounidense ante la ONU, Zalmay Khalilzad, aseguró en el Consejo de Seguridad de ese organismo que el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, comunicó a su homóloga estadounidense, Condoleeza Rice, que ése es el propósito final de Moscú en el conflicto.

«Le dijo que los dirigentes de Georgia 'debe largarse', que 'Saakashvili debe largarse'. Eso es completamente inaceptable», enfatizó Khalilzad.

El embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin, se mostró sorprendido por la alusión pública a una «llamada telefónica confidencial» y remarcó que el «cambio de régimen es un concepto puramente estadounidense».

A juzgar por las acciones y el discurso de Moscú, en el Kremlin, existe el convencimiento de que Rusia ha recuperado ya su condición de superpotencia y puede permitirse patrones de conducta similares a los que hasta poco criticaba con dureza en Estados Unidos.

Saakashvili y su política a favor del ingreso de Georgia en la OTAN desde hace tiempo es visto en Moscú con los mismo ojos con que en su tiempo Washington vio, si no a Sadam Hussein, al menos a Slobodan Milosevic.

«¿Qué persona decente puede hablar ahora con el presidente de Georgia?», preguntó Churkin al explicar la negativa del presidente ruso a conversar por teléfono con Saakashvili.

Las autoridades rusas utilizan a propósito términos como «genocidio» y «catástrofe humana» para referirse a la situación en la separatista región georgiana de Osetia del Sur con el propósito de establecer un paralelo con Kosovo, destacó hoy el periódico «Nezavísimaya Gazeta»

Según el rotativo, «Rusia ha decidido su estrategia en la región: ayudar a la secesión de Abjasia y Osetia del Sur de Georgia con sus garantías militares, políticas y diplomáticas».

Sin embargo, según algunos especialistas militares rusos, la misión no será fácil.

«A Georgia, claro está, la llamaremos al orden y la castigaremos, pero el precio que se pagará será, como en Chechenia, muy alto», afirma el teniente general Yuri Netkachov, quien entre 1993 y 2000 fue comandante adjunto de la agrupación rusa en Transcaucasia, en un artículo publicado por «Nezavísimaya Gazeta».

Serguéi Kovaliov, destacado activista ruso a favor de los derechos humanos y antiguo disidente soviético, condenó las acciones militares rusas en Georgia y pidió que se expulse a Rusia del G8, el grupo de las ocho países más desarrollados del mundo.

«Rusia ha perdido el derecho moral a llevar a cabo una operación pacificadora en Abjasia y Osetia del Sur al fusionarse abiertamente con los órganos de poder fácticos de esas autoproclamadas entidades, al margen de las autoridades de la Georgia soberana», afirma Kovaliov en su llamamiento.

El defensor de los derechos humanos recordó que en 1979 la Unión Soviética invadió Afganistán con el pretexto de prestar «ayuda fraternal» al Gobierno afgano.

«La experiencia histórica muestra que la injerencia de nuestro país en asuntos ajenos conduce a innumerables desgracias, pese a las declaraciones de 'ayuda'», advirtió Kovaliov.

En Moscú, no obstante, parece no preocupar mucho la reacción de Occidente y, en particular, de Estados Unidos, a los acontecimientos en Georgia.

Al menos, ésa es la conclusión que puede extraerse de las recientes declaraciones de un alto cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores, que pidió que se mantuviera su anonimato, días antes del estallido de la guerra en Georgia.

«Estamos preparados para cualquier desarrollo de los acontecimientos», dijo el diplomático, que aseguró que Moscú puede permitirse «no tener ningún tipo de relaciones con uno u otro socio, si es eso lo que ellos desean».

El alto cargo advirtió incluso de que después de las próximas elecciones estadounidenses las relaciones entre Moscú y Washington «pueden prácticamente reducirse a la nada».

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