El rey obliga al primer ministro belga a quedarse y le impone tres mediadores para resolver la crisis


El primer ministro belga, el democristiano flamenco Yves Leterme, hizo el peor ridículo de su vida el año pasado en la celebración del Día de Bélgica, cuando un periodista le preguntó si sabía el himno belga, y él se puso a cantar La marsellesa. Acababa de ganar las elecciones hacía seis semanas, y empezaba con mal pie las negociaciones con los francófonos de Valonia para formar un Gobierno que no arrancaría hasta ocho meses después.

Quizá Leterme contaba con evitar el riesgo de un planchazo semejante este año, cuando el pasado martes presentó su renuncia al rey tras constatar que las diferencias entre flamencos y valones impiden emprender una reforma constitucional largamente reclamada por los primeros, y que parece la única salida para que el país no se rompa en dos. Pero el monarca decidió no aceptar la dimisión, así que Leterme deberá enfrentarse otra vez a las cámaras el lunes, cuando los belgas celebran su Día Nacional.

Diálogo «creíble»

Alberto II retrasó su decisión hasta la medianoche del jueves, quizá en respuesta al intempestivo momento que eligió el primer ministro para dimitir -la madrugada del martes-. En un comunicado emitido poco después, le pide que impulse «de la mejor manera posible» un diálogo «creíble» entre flamencos y valones para acordar de una vez una reforma del Estado que dé más competencias a Flandes.

En esa tarea, Leterme contará con la ayuda de tres personalidades que el rey ha nombrado en calidad de mediadores: François-Xavier de Donnea, valón de 67 años, ex ministro de Defensa, ex presidente de la región de Bruselas y ex alcalde de la capital; Raymond Langendries, de 64 , ex presidente del Senado y también francófono, y Karl-Heinz Lambertz, de 57 años, presidente de la pequeña comunidad germanohablante del este del país.

El trío de mediadores no cuenta con ningún representante de la mayoría flamenca, lo que se interpreta como una señal a los valones para que desbloqueen la situación. Tampoco ha pasado desapercibido que los tres hablen francés y flamenco.

Leterme no respondió públicamente a la negativa real a su cese, pero su entorno dice que este año, plagado de enrevesadas negociaciones, lo ha desgastado mental y físicamente -está más pálido, más delgado y hace unos meses fue hospitalizado con una úlcera de estómago-. Lo que es seguro es que el lunes las cámaras volverán a asaltarlo durante los actos del Día de Bélgica, y alguien puede preguntarle si ya sabe La brabanzona.

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