El largo adiós, para despejar el camino a los aspirantes


Los dictadores saben por experiencia lo que los padres saben por instinto: no hay nada que pueda sustituir el «estar ahí». Fidel no está ahí desde hace ya mucho tiempo, demasiado. Convertido en un periodista compulsivo, publica uno o dos artículos a la semana de temáticas diversas y fijaciones idénticas. Pero una presencia de papel no equivale a una presencia de carne y hueso, y la carne y el hueso es lo que le falla a Fidel. Salud política y salud física tienen ritmos distintos y Cuba no se puede permitir este prolongado período de convalecencia. Fidel lo sabe y lo que ha querido con sus declaraciones de ayer es darle el alta a su país, quizás.

Quizás. Porque Fidel, que según sus médicos es un enfermo modelo, como político no hace caso a nadie. Que después de casi medio siglo mandando diga que no tiene intención de «aferrarse al poder» habrá hecho sonreír a más de un cubano. ¿Pero en qué consiste el retiro cuando uno es Fidel Castro, después de todo? No mandar y seguir vivo es un fenómeno raro en los regímenes autoritarios, y aunque existen algunas excepciones, la biología y la política suelen ponerse fin mutuamente en estos casos.

Franco murió en la cama, pero todavía daba órdenes a los médicos y reñía a los enfermeros; Stalin hacía arrestar a los suyos

En todo caso, es indudable que la carta de Fidel está pensada para despejar el camino a los aspirantes a la presidencia. Las elecciones a la Asamblea Nacional son el mes que viene y este anuncio las ha convertido en las únicas interesantes de toda la historia del castrismo.

De paso, y de manera indirecta pero clara, Fidel ha vuelto a lanzar el mensaje de que no quiere que sea su hermano Raúl quien le suceda sin más. La referencia a la «joven generación« difícilmente puede incluir a este hombre de 76 años, y también parece dejar fuera de la carrera a Ricardo Alarcón. De nuevo las pistas conducen al ministro de Exteriores Felipe Pérez Roque o a Carlos Lage, vicepresidente económico.

Atar cabos

Que Fidel siga sin hacer una renuncia expresa a su cargo no es en este caso, como piensan algunos, cinismo o ambigüedad. Es lógico. Las transiciones desde un régimen de partido único suelen descarrilar fácilmente y Fidel tiene que atar los cabos antes. Pero lo cierto es que este adiós suyo podría escribirlo Raymond Chandler, porque está siendo de verdad un «largo adiós», como el título de su novela más famosa. Es difícil decir si lo que sostiene a este hombre todavía al timón es realmente el apego al poder o si ya no se trata nada más que de nostalgia. Y nunca hay que subestimar el peso de la nostalgia En la misma carta en la que insinuaba su intención de retirarse de la política, Castro rendía homenaje a Oscar Niemeyer, el arquitecto comunista que cumplió 100 años el sábado. «Esto demuestra que hay que ser consecuente hasta el final», dijo Fidel, quien sabe si soñando que a él mismo podrían quedarle por delante otros diecinueve años

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