Talibanes en zona de la Brilat

David Beriain ENVIADO ESPECIAL | FARAH

INTERNACIONAL

La Voz viaja a Farah, la zona más peligrosa para los soldados de la Brilat. En unas horas, los insurgentes ponen dos bombas en una carretera que patrullarán los gallegos.

30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Los policías no están lo bastante locos para cruzar esos 60 kilómetros con sus coches patrulla. Serían un blanco demasiado fácil para los talibanes. Así que cuando llegamos a Farahroad, dejan aparcados los todoterrenos con la inscripción Policía junto al edificio que les sirve de comisaría y de vivienda. Es un lugar inmundo y acribillado a balazos en primera línea de la lucha contra los talibanes. Los policías se suben a un par de Toyota Corolla viejos, el coche más popular en Afganistán, y empiezan a conducir deprisa, intentando pasar desapercibidos. Estamos en la provincia de Farah, la más al sur de las cuatro que tienen que patrullar el centenar de soldados de la Brilat que integran la QRF, la Fuerza de Reacción Rápida con base en Herat. Si hay un pedazo de tierra que deba preocuparles, son estos 60 kilómetros de carretera entre Farahroad y Farah capital. 450 dólares por ataque «En los últimos seis meses, hemos perdido 22 policías aquí por las emboscadas, los ataques suicidas y las bombas a control remoto. Yo asumí el mando hace 70 días, después de que los talibanes tomaran la comisaría al asalto y la abandonaran poco después. En ese tiempo ya he perdido a dos hombres. Los talibanes tienen mejores armas que nosotros. Cobran 450 dólares por participar en un ataque. Nosotros todavía no hemos visto ni una moneda. Nuestras armas se atascan a los pocos disparos y no tenemos suficientes balas», asegura Abdul Qassim Khadri, el jefe de la comisaría de Farahroad. Sus hombres no son los únicos que han caído. Tras unos pocos kilómetros de camino, pasamos al lado del agujero que una bomba hizo en el asfalto. Allí murió el paracaidista español Jorge Arnaldo Hernández Seminario. Está al lado de Shiwan, el pueblo donde La Voz descubrió el año pasado un mercado donde se venden misiles norteamericanos Stinger que ahora la ISAF intenta comprar para que los talibanes no derriben sus helicópteros. De repente un coche se coloca a la par del nuestro. Los policías se ponen nerviosos y le cierran el paso. Los agentes se bajan corriendo, con los fusiles en la mano y sacan al conductor. Lo miran, inspeccionan el vehículo y ven que no hay peligro. Temían un ataque o quizás, algo peor, un secuestro. En el último mes ha habido 25 en la provincia. Sólo respiran tranquilos cuando llegamos a Farah. Lápices y cuadernos Farah es un agujero. Una ciudad donde la reconstrucción que alcanza a otros puntos de Afganistán no se percibe. El Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) que se ocupa de la provincia es norteamericano, pero se reduce a un capitán de la reserva y unos cuantos ayudantes que apenas salen de la base. En la ISAF lo llaman «Fort Apache» porque es pequeño y bastarían unos cuantos indios (o talibanes) para rodearlo. «En cinco años, todo lo que he conseguido del PRT son unos pocos cuadernos y unos lápices. Mi gente necesita agua corriente, electricidad», dice Yoma Gul, jefe de uno de los distritos de la provincia. La falta de reconstrucción empeora la situación de seguridad. No son pocos los militares españoles que creen que esta falta de interés norteamericano por la zona está comprometiendo a las patrullas de la Brilat. A los talibanes les resulta muy fácil reclutar milicianos. Como a un hombre que conocemos en la comisaría. Viene a denunciar que un grupo de insurgentes le ha ofrecido mil dólares en dinero iraní por unirse a ellos. Eran vecinos suyos. «Nosotros tenemos la información, pero no tenemos los medios. Sabemos quiénes son esos talibanes, son sólo unos 450 en la provincia, pero mueven mucho dinero. Podemos luchar contra ellos de manera más efectiva que la ISAF, pero no tengo ni armas, ni vehículos», dice el jefe de policía de Farah. Antes de despedirse de nosotros, recibe una llamada de teléfono. «¿Habéis visto un agujero grande en el camino, donde murió el soldado ?español? Acaban de encontrar allí otra bomba», nos advierte. No una, sino dos. Lo vemos a la vuelta.