¿Quién es Julita Salmerón?

La protagonista del documental «Muchos hijos, un mono y un castillo» acudió a El Hormiguero con un curioso regalo para Pablo Motos con el que comprueba que su marido no está muerto

Julita y Gustavo Salmerón presentan su documental en «Late Motiv»

Redacción / La Voz

Si les preguntan quién es Julita Salmerón, pocos sabrán ubicarla. Pero es que Julita es mucha Julita y es la protagonista de una historia digna de contar. Eso al menos sería lo que pensó su hijo, el actor y director Gustavo Salmerón, cuando comenzó hace doce años a grabarla en su casa y captar su día a día. Y el producto final es Muchos hijos, un mono y un castillo, un documental que resume los tres deseos que tuvo Julita al poco de casarse. Y sí, aunque esto parezca un spoiler, cumplió los tres. Julita Salmerón visitó el plató del El Hormiguero el día de San Valentín tras haber ganado un Goya al mejor documental. El que relata su vida, la peculiar vida de Julita Salmerón, de cómo pasar del todo a la nada. La actriz revelación sin quererlo ni saberlo recibió una espectacular sorpresa por parte de su marido Antonio, tras haberle achacado el olvido del día de los enamorados. Antonio, entre el público, bajó al plató de Pablo Motos para plantarle un tierno beso a su mujer.

A sus 82 años el caso de Julita recuerda un poco al del Carmina Barrios, la madre de Paco y María León, que ha protagonizado ya dos películas dirigidas por su hijo. La primera, Carmina o revienta, según él mismo asegura, narra la historia de su vida. La segunda parte se aleja del punto de vista del documental para introducir más tramas de ficción. O también a la abuela de Daniel Guzmán, Antonia Guzmán, que pasados los 90 años fue nominada a actriz revelación por su papel en la película A cambio de nada, el primer largometraje del actor y director por el que recibió un Goya a la mejor dirección novel. A Guzmán también le costó varios años reunir la financiación para su primera película. 

Volviendo a la historia de Julita Salmerón, su hijo Gustavo, comenzó a grabar la historia de su madre, y por extensión de su familia cuando tuvieron que abandonar el castillo en el que vivían, al que se habían mudado después de la herencia millonaria que Julita había recibido de sus padres. Pero llegó la crisis, y la familia no pudo hacer frente a las deudas. «Se lo quedó todo el banco», aseguraba Julita en una reciente entrevista en XL Semanal. Al abandonar el castillo tuvieron que sacrificar a Lupita, una cerda que pesaba 200 kilos y Gustavo Salmerón decidió comenzar a grabar precisamente la matanza de Lupita. «Pero aquella primera matanza fue tremenda. Al ver cómo le abrieron la tripa a Lupita me identifiqué con ella, pensé que la mía también era así: llena de grasa. Luego fuimos incapaces de comernos nada de Lupita, absolutamente nada. Aquella noche soñé que, vestida de princesa y rodeada de velas, me ahorcaban con una ristra de longanizas», confesaba. En ese momento le contó a su hijo que en algún lugar del castillo estaba la vértebra de su abuela y ahí comenzó realmente el documental. 

Julita ha recorrido ya varios escenarios junto a su marido y todos sus hijos recogiendo premios, entre otros el Globo de Oro de Cristal del Karlovy Vary, el del Festival de Los Hamptons, el Cinema Eye Honors de Nueva York, el José María Forqué y el Goya, donde fue una de las estrellas de la noche. Subió al escenario ayudada por su hijo y dio las gracias diciendo que estaba «casi tan feliz como el día que me casé con mi marido», lo que hizo que su marido se levantase en el patio de butacas para saludar, ayudado por la novia de Gustavo Salmerón, Beatriz Montáñez. «¡Lo siento Antonio, pero después de ti el más guapo es Javier Bardem!», bromeaba. Con total naturalidad, Julita reflexionaba en el escenario «me van a conocer en toda España. ¡No voy a poder ir a la compra con el carrito!». 

Julita Salmerón comenzó por los hijos. Tuvo seis y dos abortos, y decidió montar un jardín de infancia «porque no me gustaba ninguno de los que veía», aseguraba. La infancia de sus hijos, Gustavo es el menor de los seis, fue un tanto atípica y extravagante: «tenían un corderon que pastaba por el jardín del chalet de las afueras en el que vivían. Como a su hijo no lo creían un día, ni corta ni perezosa, se lo llevó al colegio. «Me presenté con el cordero en brazos y fui derecha a su clase», confiesa. Tras los hijos llegó el mono, que se llamaba Óscar y no estuvo mucho tiempo en casa, porque era «muy agresivo, nos mordía a todos». Y después, mediante una herencia, llegó el castillo, localizado en Perafita, a unos cien kilómetros de Barcelona. «Entonces mira por donde nos volvimos ricos y ahora lo que necesitaba era un castillo», aseguraba Julita Salmerón

Confiesa que no creía que lo que hacía su hijo, grabarla durante doce años, más dos de montaje y 400 horas de grabación, fuera ir a alguna parte. «Es que lo veía a todas horas detrás de mí con una cámara pequeña, muy poco profesional, y pensaba que no iba a llegar a ningún lado el pobrecito. Me preocupaba su estado mental», aseguraba. Es más, en Late Motiv afirmó que realmente no sabía que era una película porque «me hubiera peinado mejor, ¡mira cómo salgo!». Julita Salmerón protagoniza varios momento especialmente hilarantes durante la película, mientras rebusca en el castillo que vacía la vértebra de su bisabuela. A su belén puesto de forma permanente en casa o un hábito de monja para cuando se muera. «Llevo preparando mucho tiempo mi muerte. Lo tengo todo listo. el traje de monja y la aguja larga para que me pinchen fuerte en el pompis y se aseguren de que estoy muerta. Quiero que me vistan de monja porque antes de casarme estuve a punto de entrar en un convento», afirma 

Su hijo, Gustavo Salmerón, no dudó en afirmar que en casa de sus padres «siempre pasan cosas, cosas divertidas». Y es que el personaje de Julita Salmerón cautiva a cualquiera que la escuche. Es la mujer de las mil anécdotas, en el plató de El Hormiguero confesó que «hubo un día que me fui a tomar un café a El Corte Inglés y de repente cuando me terminé vi que había una muela en mi vaso. La que pude liar, llamando al gerente y todo», reconoció. «Me fijé en el diente. Era pequeñito y estaba empastado. No era común. Entonces me di cuenta de que la sacarina que había echado en el café no era sacarina, era la muela de uno de mis hijos, que las guardo en un tubito».

Julita Salmerón no quiso irse del plató de El Hormiguero sin darle a Pablo Motos un regalo. No fue ni más ni menos que un tenedor grandes, de esos extensibles. Ante la cara de asombro del presentador, Julia le explicó que «mi marido y yo dormimos en camas separadas y él hace por las noches los sonidos que hacéis todos los hombres: los sonidos esos del más allá. Entonces, cojo el tenedor este, lo alargo y le pincho hasta que se despierta y así me aseguro de que no está muerto», finalizó. 

Julita explicaba en una entrevista en EFE que el secreto del documental estaba en parte en «haber sido feliz. Todos éramos felices, cada uno decía lo que quería y se expresaba como sentía». «Marcábamos la diferencia con respecto a otras familias por la gran libertad que nos dieron al crecer en los ochenta, que había más libertad que ahora, y eso se ve en la película, somos una piña», explica Salmerón cuyo padre, Antonio, y sus cinco hermanos colaboran en la cinta. En algunos momentos en la cinta se puede ver la acumulación de enseres que Julita Salmerón tiene en su casa. «Que no es caos mi casa, podéis venir a verla», afirma con ingenuidad. «Lo tengo todo guardado en cajitas con sus nombres; si un día lo necesito, lo saco, y si no, leo el letrero y digo: 'traje de novia', y (...) veo la boda, o el bautizo de mis hijos. Eso me hace feliz porque es mi vida, mi orden», añadía.

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