Carlos Sainz y su tortura para volver a ganar a los 55

El piloto español consiguió lo que nadie había conseguido antes y con un esfuerzo y un dolor sobrehumano


Carlos Sainz logró lo que no había logrado nadie. Con 55 años se aventuró al rali de los ralis, la carrera más extrema para los amantes del mundo del motor. Y no solo eso, lo ganó y por segunda vez. El piloto vio recompensada su excelsa actuación con una victoria que, hasta bien cruzada la meta, no quiso celebrar. Y el motivo no era más que no agrandar la leyenda negra que le persigue sobre su suerte. Todo el mundo recuerda el grito desesperado de su copiloto, Luis Moya, en 1998 en el Rali de Inglaterra. «¡Trata de arrancarlo!» gritó Moya cuando solo le faltaban 500 metros para lograr el tercer título mundial de ralis.

Carlos Sainz, un joven de 55 en la élite Carlos Sainz se ha coronado campeón del Dakar más duro de Sudamérica. Los años no le restan fuerzas al piloto, al contrario. Un médico deportivo y un joven piloto en activo detallan las claves de su gesta

Pero la historia era bien distinta ahora. A pesar de su superstición y el duro recorrido al que se enfrentó Carlos Sáinz, su verdadera tortura estaba a su lado, el coche. Las zonas de dunas o embarradas no fueron nada comparable al dolor corporal que tuvo que soportar sentado en su vehículo. Si a esto le sumamos sus 35 años de carrera profesional y sus microlesiones por accidentes, la heroicidad de Carlos Sainz es todavía mayor.

La única receta para esto ha sido la prevención, eso sí, el dolor físico no se lo ha quitado nadie. Ejercitar los músculos que rodean su columna y la recuperación posterior con fisioterapia fueron clave para aguantar la exigencia que requiere la carrera más dura del mundo. Recorriendo dunas de hasta 30 metros a casi 200 km/h y a una altura de más de 4.000 metros, Carlos Sainz se enfrentó a entre ocho y nueve horas diarias pilotando. Ahí es nada. «Corro porque me divierto y disfruto», afirmó tras proclamarse ganador, y con una cara de felicidad que poco hacía pensar todo el dolor y el sufrimiento que había pasado.

Ahora su futuro está en el aire. «Es un momento de reflexión», aseguró después de que fueran muchos los que cuestionasen su participación dada la edad que tiene. Pero eso nunca ha sido un problema para él, consciente de que ante una verdadera vocación «seré piloto toda la vida», sentando o no ante el volante, es difícil despegarse.

Carlos Sainz ha competido a lo largo de su carrera con múltiples marcas: Toyota, Lancia, Ford, Subaru y Volkswagen entre ellas. De hecho, su primer Dakar lo logar al volante de un Touareg TDI en el 2010. Y ni más ni menos consiguió que por primera vez en la historia un coche con motor diésel se coronase en la carrera más exigente del mundo. Perseverancia, pundonor y profesionalidad serían algunos de los adjetivos que definirían la carrera profesional de Carlos Sáinz. Pasión que ha conseguido traspasar a su hijo que, con toda una carrera por delante, tiene muchas alegrías que ofrecer a sus aficionados.

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