Las claves del fenómeno Cepeda en «OT 2017»

Pasó de entrar como un concursante discreto a ser dos veces favorito de la audiencia, salvado hasta en cuatro ocasiones y aclamado en las firmas de discos


Redacción

Cepeda se ha convertido en uno de los indiscutibles protagonistas de OT 2017. A pesar de que los inicios del ourensano fueron más bien discretos, con una gala 0 en la que no llamó especialmente la atención y siendo uno de los que menos seguidores tenía en Instagram nada más empezar el talent show, la situación es ahora la contraria: Cepeda es uno de los nuevos triunfitos más conocidos, con uno de los fandoms más nutridos y activos, y con una cuenta de Instagram que demuestra la fidelidad de sus seguidores.

El ourensano Luis Cepeda es además, uno de esos concursantes que ha conseguido rodearse, involuntariamente, de un áurea de leyenda negra. Uno de sus profesores ya le puso el apodo de «viuda negra» después de que fuese salvado hasta en cuatro ocasiones diferentes, es la oveja negra de la academia por su carácter taciturno y la pesada carga emocional que lleva a sus espaldas, y, cada vez de forma más clara, tiene al aparato del programa en su contra (fue nominado ya cinco veces, despreciado por el jurado y nunca salvado por los profesores).

Es poco probable que Cepeda se alce como ganador de OT 2017, como le pasó en su día a Virginia Maestro (que también tenía al programa en contra, pero al todopoderoso Risto Mejide a favor) pero  de lo que no cabe duda es de su éxito como concursante. Es algo, además, que no ha llegado por casualidad, sino que responde a una serie de circunstancias que han confluido, por suerte o por desgracia, en la figura de un joven parco en palabras y de semblante serio.

Una voz especial

La voz de Cepeda tiene ese algo inexplicable que no se consigue con clases de técnica vocal. Su timbre, su color de voz y su sonido rasgado la hacen indiscutiblemente reconocible. «No se puede negar que cuando cantas, pasa algo», le dijo en más de una ocasión Manuel Martos, uno de los miembros del jurado. Y no es el único profesional que tiene elogios para su forma de cantar. También Barei, India Martínez o Manu Tenorio han manifestado públicamente que Cepeda tiene una voz preciosa.

Además, esto se acompaña con una tesitura privilegiada de forma natural. Cepeda es un tenor, que además prefiere, aun con la opinión en contra de muchos profesores, hacer las canciones en el tono más agudo posible, a veces incluso forzando su límite. Pero el ourensano no tiene ninguna dificultad para producir unos potentes graves llenos de armónicos, que Manu Guix ha elogiado en varias ocasiones. Es un tenor, pero que no tiene problema a la hora de hacerse pasar por barítono o incluso bajo.

Lo suyo le viene de modo natural, lejos del increíble virtuosismo fruto del entrenamiento vocal de compañeros suyos como Agoney o incluso Raoul.

Sus detractores suelen aducir que el ourensano canta mal o tiene una voz fea cuando lo que seguramente intentan poner de manifiesto es su falta de estrategias y conocimientos de técnica vocal.

Un estilo marcado

Cepeda tiene muy claros sus gustos musicales, con referentes como Pablo Alborán, India Martínez y Antonio Orozco, todos ellos compositores de baladas cantadas en español.

Aunque la versatilidad es algo que se busca en la academia de OT 2017, lo cierto es que un estilo claro y coherente suele tener, a la larga, más éxito comercial. Por supuesto, hay casos excepcionales, como David Bowie, Madonna o Prince, que han destacado por su talante camaleónico. Pero es difícil que cualquiera de los concursantes se vaya a mover en esa liga.

El estilo de Cepeda, además, entronca con los grandes éxitos de la canción española de los últimos tiempos. En cada gala de OT, entre las canciones más escuchadas hay muchas en inglés, como sucede siempre en los talent shows, pero, siendo realistas y analizando la industria musical de nuestro país, es difícil encontrar casos de cantantes españoles que hayan triunfado en el idioma de Shakespeare.

Ni siquiera grandes artistas como Love of Lesbian o Xoel López, que hicieron sus pinitos en inglés en sus inicios, tuvieron verdadero éxito comercial hasta que empezaron a centrar su carrera en temas en español.

Las preferencias de Luis Cepeda como artista entroncan con lo que luego triunfa en la industria española. Para ello, solo hay que ver los últimos casos de éxito salidos de talent shows, como Antonio José de La Voz o Pablo López, del último OT con cierto éxito de audiencia. Por el contrario, artistas más arriesgados musicalmente, como Virginia Maestro (del mismo OT que Pablo López), no llegaron a tener el nivel de ventas masivo que se esperaba.

Además, Cepeda compone sus propios temas, algo que el jurado no parece considerar importante para un artista que pretende dedicarse a la canción.

Una pesada mochila

Cepeda no empezó OT 2017 con su mejor estado anímico. En la gala de este lunes, el miembro del jurado Joe Pérez-Orive decía, después de la visita de los progenitores de Raoul a su hijo nominado, que «benditos los padres que dejen a sus hijos dedicarse a la música».

Por supuesto, el comentario era completamente bienintencionado, pero, seguramente, en ese momento el corazón de Cepeda se encogió un poco.

De las vicisitudes que el ourensano tuvo que vivir para dedicarse a la música se saben solo ciertos detalles. Su tío, que fue uno de los creadores el popular tema Saca el güisqui cheli, tuvo éxito fugaz en la música y, aparentemente, años después se arruinó.

En la familia, según han explicado en el programa, dedicarse a la música quedó como una especie de tabú. Primero, el chaval tenía que buscarse una buena vida y un buen trabajo. Y lo de la música ya vendría después.

En efecto, Cepeda acabó sacándose la carrera de Diseño Industrial, trabajando eventualmente captando socios para varias oenegés y, finalmente, intentando labrarse un camino en la música mediante actuaciones en el metro o como aspirante a algunos talent shows, como La Voz, de Telecinco.

Finalmente, acabó presentándose a OT 2017, sin el apoyo ni de su familia ni de su novia, la presentadora de TeleMadrid Graciela Álvarez, con la que tuvo discusiones antes de entrar por este tema.

Cepeda acabó entrando con su vida exterior sostenida por pinzas. Solo tenía dos opciones: triunfar, y ver compensada su criticada decisión, o fracasar tanto en el concurso como, muy probablemente, en su vida personal. Y lleva cargando con esa mochila desde que empezó el programa.

Frente al resto de concursantes, que han tenido siempre el apoyo incondicional de sus familiares para dedicarse a la música, Cepeda es el diferente, el que representa a tantas personas que han visto sus sueños frustrados por la falta del apoyo necesario.

Una historia de amor platónica

La primera actuación a dúo marcó a Cepeda por completo. No solo de cara a la audiencia, sino también emocionalmente.

La química entre el ourensano y la catalana Aitana fue evidente, y ambos protagonizaron el que se considera el primer número «mágico» de OT 2017. Los dos tienen voces características, muy diferentes, y que empastan, por contraste, perfectamente entre sí.

Pero los fans dedujeron que entre ambos había algo más que una compenetración artística. Muchos seguidores del directo a través de Youtube empezaron a fantasear con que ambos sentían algo más, a pesar de que tienen pareja fuera.

Cepeda se convirtió, sin pretenderlo, en el protagonista de la supuesta primera gran historia de amor dentro de la academia, con lo que muchos pretendían rememorar los tiempos de Chenoa y Bisbal.

La conexión y el cariño mutuo entre ambos sigue siendo evidente, pero la irrupción de otra pareja (esta vez real), protagonizada por Amaia y Alfred, enfrió un poco el interés de los más románticos.

Aún así, el ourensano no ha dejado de ser para muchos ese mito romántico que todavía pulula por la academia.

El programa contra Cepeda

La pesada carga emocional que marcó a Cepeda nada más entrar ha lastrado, sin duda, el desarrollo natural del ourensano en OT 2017. El Luis Cepeda del interior de la academia poco tiene que ver con el que muestran sus redes sociales previas a entrar. En ellas se ve a un joven coqueto, aparentemente seguro de sí mismo, visiblemente contento, sensible hacia las causas sociales y divertido.

Pero su actitud, desde el principio del programa hasta que los responsables les permitieron salir al exterior para firmar discos, no se correspondió mucho con esa imagen de Cepeda.

Tras una primera semana pletórica después de que protagonizara un dúo con la que se convertiría en uno de sus mayores apoyos en la academia, a Cepeda le tocó lidiar con, posiblemente, sus compañeros menos afines.

La primera discusión delante de cámaras de OT 2017 la protagonizó el ourensano con Juan Antonio, a pesar de que ambos explicaron después, por activa y por pasiva, que ese rifirrafe había sido puntual y que, en realidad, la sintonía entre ambos había sido muy buena.

Pero el hecho de que su relación con Marina, su siguiente compañera, no tuviera tampoco la actitud esperada por parte de ambos, llevó a pintar a Cepeda como un concursante y compañero problemático.

Tanto que, desde la gala 2, los programas de OT 2017 no daban nunca ni una sola buena imagen del ourensano, a pesar de haber protagonizado momentos divertidos o tiernos con sus compañeros, sobre todo con sus más afines. También con los profesores, ya que profesionales como Manu Guix, Mamen Márquez, los Javis y la propia Noemí Galera, directora de la academia, siempre han tratado a Cepeda con cariño y, sin dejar de lado las entendibles críticas hacia su alumno para conseguir que mejore, han valorado positivamente sus innegables cualidades.

La semana pasada, llegó un momento polémico. En plena gala presentaron un vídeo de los dos nominados. La parte de Mireya la pintaba como una luchadora y trabajadora que había mejorado muchísimo. De Cepeda solo se mencionaba que había cambiado de canción, se resaltaba un gallo producido al ensayar el primer tema elegido, y se hacía hincapié en la falta de riesgo. La imagen volvía a ser negativa.

Y el anuncio de la gala de esta semana no fue mejor. A pesar de que aquel gallo se produjo durante un ensayo privado, y se correspondía con una canción que nunca llegó a interpretar, TVE volvía a resaltar cómo se rompía su voz.

Los fans vieron un patrón y las posturas empezaron a radicalizarse. Entre los seguidores de Cepeda habían nacido los talifans (quienes apoyan muchas veces agresivamente a sus ídolos) y, mientras, surgían un número idéntico de haters.

Es un clásico. Cuando el programa es demasiado evidente contra un concursante, los espectadores empatizan, lo apoyan y radicalizan su postura para defenderlo. Hay incluso quien considera que ha sido una estrategia del programa, tras comprobar que tanto los seguidores de Cepeda como sus haters eran los que más dinero movían a la hora de enviar mensajes de texto para salvarlo a él o a su rival en la palestra.

De modo que, ¿se trata de una estrategia del programa, para hacer de Cepeda el concursante maldito y luego utilizar su éxito para mover el avispero y vender en un futuro? ¿O es que, después de tantas ediciones, concursos y experiencias, Gestmusic sigue siendo tan torpe como para no identificar que poner toda la maquinaria en contra de un concursante hace exactamente el efecto inverso?

El trato en los vídeos de las galas cambió el pasado lunes, aunque en esta ocasión fue el jurado el que se convirtió en azote de Cepeda.

Un tribunal inquisidor

Por si el programa no ayudaba, algunos de sus compañeros dentro de la academia tampoco le hicieron la vida mucho más fácil a Cepeda.

Después de salir entre los tres favoritos y, posteriormente, nominado, varios concursantes empezaron a hacer algunos movimientos extraños, que el propio Cepeda vio parte de una estrategia.

Primero se cambiaron de mesa sin dar explicaciones, dejando una vacía en medio de ellos y el resto de sus compañeros (muchos de ellos que habían intentado salvar al ourensano con las pizarras) y, solo después, adujeron que era una «mesa del silencio» para cuidar sus voces.

Después de un toque de atención de algunos profesores, que les dijeron que veían al grupo más tenso que nunca, una discusión con Cepeda sobre establecer horas del día para los fumadores en la terraza, la mayoría de sus compañeros hicieron un corrillo para criticar a su compañero.

Primero invitaron a Cepeda, pero este les dijo, siguiendo por otra parte consejos de la profesora de Imagen y Comunicación, que prefería discutirlo en las habitaciones, sin ser grabados por las cámaras. Sobre todo, después de ver su historial de vídeos de enfrentamientos en las galas.

Sus compañeros, sin Cepeda presente, decidieron «desenmascararlo», argumentando que el ourensano cambiaba dentro de las habitaciones y que tenía comentarios horribles, aunque pocos de los ejemplos que pusieron representaban temas de extrema gravedad.

Este momento incurría en una contradicción: Si había un problema grave, ¿por qué no hablarlo fuera de cámaras? Estar dispuesto a solucionarlo solo ante los espectadores no manifiesta una intención de resolver el asunto, sino solo de exponerlo ante la audiencia. Habían convertido OT en un formato más próximo a Gran Hermano y, con ello, consiguieron el mismo efecto que en el reality de convivencia: el concursante apartado se hace más fuerte.

Para muchos tuiteros, se habían creado dos grupos irreconciliables, aunque lo cierto es que, según la mayoría de concursantes, todos tienen una buena relación.

Un «fandom» real

La suma de todos estos asuntos había creado una imagen de Cepeda que le aseguraba un nivel de seguidores activo y ruidoso. Pero quedaba una incógnita: ¿Eran muchos, como se demostraba en las redes sociales, o solo eran los que más llamaban la atención?

La firma de discos despejó toda duda. En ellas, Cepeda parecía otro, como un niño con zapatos nuevos. Ilusionado, sonriente, inquieto, participativo. El ourensano, hasta ese momento cerrado en sí mismo, había visto por primera vez que lo que pasaba en plató no era un espejismo, y parecía que todo lo que había arriesgado había merecido la pena.

A Cepeda le tocó firmar discos en Barcelona, junto a otros tres concursantes catalanes. Nerea, Alfred y Raoul jugaban en casa. Pero, al volver, todos estaban de acuerdo: Cepeda tenía un verdadero ejército de fans.

En la cuenta de Instagram del programa también queda claro el apoyo de sus fans. Aunque Cepeda no es el que más seguidores tiene, sí tiene un ratio de fidelidad de los usuarios de Instagram superior a la media. Aproximadamente el 30 % de sus contactos suelen marcar con un Me Gusta las publicaciones que hace a través de su cuenta. En la actualidad, el ourensano tiene 72.000 seguidores y, de ellos, más de 27.000 (es decir, uno de cada tres) valoraron positivamente su última publicación.

Los inauditos «feos» del jurado

Por si todo lo que había pasado era poco, la actitud del jurado con Cepeda en la última gala de OT 2017 fue, como poco, criticable.

No tanto por las duras valoraciones, algo a lo que los talent shows nos tienen acostumbrados desde siempre, sino por ciertos gestos y comentarios que, en opinión de muchos espectadores, no aportaban nada.

El primer momento impropio de profesionales de la televisión vino cuando, después de las actuaciones de los dos nominados y de la valoración de Raoul, los miembros del jurado se hicieron los remolones y evitaron hablar sobre la actuación de Cepeda. Tanto Joe Pérez-Orive como Mónica Naranjo escurrían el bulto con total indiferencia, hasta que Manuel Martos decidió romper ese feo momento hacia el concursante, que está ahí por pleno derecho.

Pero lo peor para el ourensano vino después su salvación, y la consiguiente expulsión de Raoul. En ese momento, Mónica Naranjo le daba la espalda al público y a los concursantes y, a continuación, se giraba con un dramatismo impropio de un concurso en el que se despide un concursante cada semana.

Aunque se presupone la subjetividad del jurado, esto no debería estar reñido con la imparcialidad. La cantante no disimuló su favoritismo, y llegó a cargar contra los espectadores que le habían dado sus votos a Cepeda y no a Raoul. Mónica culpaba a la audiencia, soberana en este caso, de haber tomado una decisión errónea.

Se trataba de un gesto inaudito. Más que nada porque, ya decidida la expulsión de Raoul, el comentario de Mónica ya no pintaba nada y la representaba como una mala perdedora, a pesar de que la cantante de Figueres no se jugaba nada.

La cantante siguió azuzando a los fans también en Twitter, en donde valoró algunos comentarios donde se llegaba a llamar incultos musicales a los españoles.

El propio Cepeda se mostró disgustado por la actitud del jurado tras el repaso de gala con los desplantes del jurado. Al fin y al cabo, están culpabilizándolo a él de unas acciones que dependen en exclusiva de la audiencia.

La actitud de Mónica Naranjo y del resto del jurado, por supuesto, no ayuda si lo que quieren es minimizar el apoyo a Cepeda, porque esos desplantes no hacen más que unir a más personas (incluso quienes no eran realmente fans suyos) en defensa del ourensano. El propio Joe Pérez-Orive le decía que no sabía si nominarlo ayudaba, porque quizás lo habían convertido en «víctima, verdugo o héroe».

Rivales no favoritos

Lo cierto es que, hasta ahora, a Cepeda le tocó medirse con concursantes que no estaban entre los favoritos de la audiencia. A pesar de las impecables actuaciones con las que se despidieron cada uno de ellos, lo cierto es que ni Ricky, ni Mireya, ni Thalía o Raoul habían destacado entre los más votados, mientras que Cepeda había salido hasta en dos ocasiones como uno de los favoritos.

La cosa cambia en esta ocasión, ya que le toca medirse con su buen amigo Roi, también gallego, de Santiago de Compostela, y que salió como el más votado por la audiencia la semana pasada. El compostelano es de los más mediáticos y de los que más simpatía provoca en la audiencia, por sus constantes bromas y, sobre todo, por el inolvidable momento del sapoconcho, en el que popularizó el término gallego en toda España.

¿Seguirá siendo Cepeda la «viuda negra», como dijo Manu Guix, o precisamente será su amigo quien rompa esta tendencia? Ellos parecen estar felices con cualquiera de los dos resultados.

Los gestos más feos de Mónica Naranjo en «OT 2017»

M. Viñas

Después de la gala de este lunes, ya no hay ninguna duda: la pantera de Figueras es la mala malísima de esta edición

Ni sus opiniones, ni sus formas. Al público de OT 2017 no le gusta nada de nada el jurado de este año. Y eso que el arranque del concurso fue alentador: parecía que esta vez el formato había decidido prescindir en su tribunal de la figura del malvado, un papel destinado a ajustar tuercas que durante años desempeñó un sobreactuado Risto Mejide y que acabó por hartar a la audiencia. Cansada de los ninguneos y las faltas de respeto del publicista, recibió con entusiasmo el nuevo reparto, especialmente a Manuel Martos y a Mónica Naranjo; a Joe Pérez-Orive, demasiado parecido al del Chéster, con un poco más de recelo. Las primeras galas fueron conciliadoras; las palabras de los tres, reconfortantes, estimulantes. Y entonces, con el nivel cada vez más alto y la academia en caída libre demográfica, los jueces se avinagraron, obligados a tomar decisiones más complejas cada lunes

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