Ferdinand Monoyer, el francés que nos ajustó la vista

El oftalmólogo, que hoy cumpliría 181 años, no solo introdujo la dioptría como unidad de medida. A él le debemos esas tablas de filas de letras crecientes para detectar la agudeza visual


Ferdinand Monoyer cumpliría hoy 181 años. Poco se sabe de este oftalmólogo francés (9 de mayo de 1836, Lyon), responsable sin embargo de dos importantes avances en el estudio del ojo y sus enfermedades: la dioptría como unidad de medida de graduación de los ojos y esa tabla de filas de letras crecientes, de lectura obligatoria en toda consulta oftalmológica o revisión médica exhaustiva, capaz de diagnosticar la agudeza visual del ser humano.

En 1872, Ferdinand Monoyer propuso medir en dioptrías el poder de refracción de una lente, unidad que se adoptó oficial e internacionalmente tres años después. Aunque coloquialmente otorgamos a los ojos las dioptrías (1,5 en el izquierdo, 3 en el derecho, por ejemplo), a lo que en realidad hacen referencia es a la mayor o menor potencia que hay que poner a una lente (de gafa o de lentilla) para poder ver con claridad. La dioptrías son negativas en los casos de miopía y positivas, en los de hipermetropía y presbicia.

Si la primera aportación de Ferdinand Monoyer a esta especialidad médica fue una unidad de medida, la segunda fue un método, la escala optométrica, un sistema para medir la agudeza visual. Dioptrías y agudeza visual tienen a confundirse habitualmente, pero no solo son dos cosas diferentes, sino que además se puede tener cero dioptrías y no ser capaz de percibir, detectar o identificar detalles de los objetos con claridad. Y viceversa. 

Para medir la agudeza visual, Ferdinand Monoyer inventó una tabla de optotipos formada por diez hileras de letras, que (de arriba a abajo) van de menor a mayor tamaño. Ideó dos modelos, una para calcular esta capacidad a tres metros de distancia y otro, a cinco. En uno de los dos, el francés dejó su particular huella. Si prescindimos de la última fila, integrada únicamente por las letras «Z» y «U», la tabla oculta un acróstico -con las primeras y las últimas letras de cada fila- que preserva el nombre y el apellido del oftalmólogo para la posteridad. 

En la escala de Ferdinand Monoyer, el paciente debe reconocer los caracteres que el médico le va señalando. El límite de lo borroso, de lo difuminado, el punto en el que uno deja de distinguir el símbolo, estipulará su nivel de agudeza visual. Y, en función de ello, se necesitará una u otra compensación óptica. Los amétropes (los que precisan de este tipo de ajuste a través de una lente) se dividen en miopes, hipermétropes y astigmáticos.

Sucede que en ocasiones, aunque la lente esté bien graduada, el ojo sigue sin ver de forma nítida al 100 % algunos detalles de los objetos. Porque la falta de agudeza visual puede responder a otras causas como las cataratas, las alteraciones de retina o el ojo vago, que se da habitualmente en niños por falta de estimulación, por diferencia de graduación grande entre un ojo y el otro, o por estrabismo.

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