Cambio de hora: La madrugada del sábado al domingo, a las tres volverán a ser las dos

Los relojes se atrasan una hora este fin de semana para adaptarse al horario de invierno


Redacción

Este fin de semana, con el cambio de hora, le ganaremos una hora al tiempo, esa que perdimos con el cambio horario del pasado mes de marzo. Todos los años, cuando arranca la primavera, los relojes se adelantan una hora y, con la llegada del otoño, vuelven a atrasarse. Así, en la madrugada de este domingo 26 (la que va del sábado al domingo), a las 3:00 horas volverán a ser las 2:00. Una hora más de sueño y, a partir de ahí, más luz por las mañanas y más oscuridad por las tardes.

El cambio de hora de este fin de semana implica que a las 3:00 horas de la noche del sábado al domingo los relojes deberán atrasarse una hora, hasta las 02:00 horas. La mayoría de los dispositivos electrónicos, como los móviles, las tabletas o los ordenadores, harán el cambio automáticamente. Solo será necesario ajustar los relojes de muñeca y otros aparatos, como los de pared o los despertadores analógicos del dormitorio. Junto a España, cerca de 50 países girarán las agujas hacia atrás para recolocar la hora y encarar las estaciones de frío con el horario de invierno.

Para los que se pregunten por qué cada último fin de semana de octubre los relojes se congelan durante 60 minutos, esta medida se aplicó por primera vez durante la Primera Guerra Mundial con el único objetivo de mantener abiertas las fábricas durante una hora más. La práctica empezó a instaurarse de forma desigual por toda Europa a partir de 1974, con la primera crisis del petróleo. ¿Su objetivo? Aprovechar mejor la luz del sol y consumir menos electricidad en iluminación. El cambio de hora empezó a ser obligatorio en 1981. Responde a una directiva oficial que se renueva oficialmente cada cuatro años. Pero, ¿es realmente necesario?

Beneficios e inconvenientes

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) no se cansa de repetir, año tras año, que el potencial ahorro en iluminación en España por el cambio de hora puede llegar a representar un 5 % del consumo eléctrico, lo que equivale a unos 300 millones de euros. Para alcanzar dicho ahorro el ciudadano debe, además, hacer un uso responsable de los electrodomésticos, recurrir a la iluminación artificial solo cuando sea necesario, controlar el consumo de calefacción y utilizar tecnologías eficientes. Lo ideal es abrir las ventanas solo diez minutos, el tiempo suficiente para que el aire se renueve, aisar bien las ventanas y las puertas y mantener la temperatura de la vivienda en 21 grados durante el día y entre 15 y 18 durante las horas de sueño.

El cambio de hora repercute, sin embargo, al comportamiento humano por puras cuestiones biológicas. El salto temporal altera los biorritmos y la repentina variación de las horas de luz afecta al ritmo circadiano. Afortunadamente, el cambio es mínimo, solo de una hora, por lo que el cuerpo suele adaptarse rápidamente. La asimilación sería diferente si el reloj se atrasase cuatro o cinco horas. Además, los individuos se adaptan mejor a este cambio horario, el de octubre, que al de primavera. Los inconvenientes del ajuste de este domingo se resumen en pequeñas alteraciones del sueño, sobre todo en niños y ancianos. Para no acusar que el cambio de hora es aconsejable intentar mantener la regularidad en los horarios de alimentación y de sueño, focalizar la actividad diaria en las horas de luz solar, no recurrir a los fármacos y prescindir de productos estimulantes como el alcohol, el tabaco o la cafeína.

¿Qué pasa con la hora en España?

El debate sobre la adopción del huso horario del Meridiano de Greenwich no es ninguna novedad. En teoría, España debería vivir en una hora menos. Los españoles, que vivimos con un jet-lag permanente, nos levantantamos demasiado tarde, cuando el sol hace tiempo que asomó por el Este, y, por tanto, nos acostamos a altas horas de la madrugada, cuando la jornada laboral, que termina también tarde (todo lo hacemos tarde), lo permite. Mientras otros países comienzan sus jornadas cuando amanece y se acuestan poco después de que se ponga el Sol, en nuestro país la actividad va completamente desfasada con las horas de luz.

Los que claman por este cambio de hora perenne apelan a la conciliación laboral con la familiar. Pero también la calidad de la vida se resiente por este desfase. Al empezar a trabajar alrededor de las 9:00 horas y no comer hasta, como muy pronto, las 14:00, es necesario hacer una parada durante la mañana. Con estos descansos se pierde tiempo y, al no cenar hasta las 21:00 horas, las tardes se alargan más de lo que deberían y las horas de sueño se reducen. Pocos son los que pueden dormir las ocho horas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud. Al otro lado de los Pirineos, el resto de Europa almuerza sobre las 13:00 horas y casi ningún país cena más tarde de las 20:00 horas. Incluso nuestros vecinos, los portugueses, caminan a un ritmo completamente diferente al nuestro. El Congreso reclama, por tanto, regresar al huso horario que le corresponde, el mismo que Portugal y Reino Unido, el que España abandonó en 1942 para alinearse con el de Europa central, un mero gesto de simpatía que Franco quiso tener con Hitler y que hace que acusemos todavía más los cambios de hora de primavera y otoño.

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